martes, 24 de mayo de 2011

Beloved

Fue una mañana de Septiembre la que escogió para huir de lo que había hecho de sí mismo. Para entonces, ya había acumulado gran cantidad de ideas y justificaciones en su cabeza que lejos estaban de hacer su vida más placentera. El habitar en ese cuerpo se había convertido en un tormento y últimamente sentía incluso su peso, como si cargara un incómodo objeto ajeno del que no podía desprenderse con facilidad. Buscó algún viejo paquete de cigarrillos y con ansia encendió el último tabaco que fumaría en su vida. Esperaba que estando en el lugar al que iría no necesitara de ningún placer mundano para justificar su profunda necesidad de morir pronto. Las ganas de vivir habrían de ser suficientes para mantenerse en pie y poder disfrutar de los diminutos detalles que lo rodearían y harían lo suficientemente feliz. Mientras fumaba pensó en las muchas veces que lo invadió ese sentimiento de alegría por vivir. Estando junto a ella todo parecía más fácil, más soportable, no había cosas imposibles en ese momento que compartieron. Solo bastaba con estar para poder, al fin, ser.
Terminó de sacar la última ropa del clóset y la empacó en la bolsa de basura. Nunca creyó poder acumular tantas cosas en ese lugar que ocupó con la esperanza insulsa de encontrar la tranquilidad y la paz interior. Se había hastiado de preguntarse cómo hacía la demás gente para mantener la cordura en un lugar tan desorganizado y tan invivible como ese. Tal vez todos habrían de estar locos ya para poder seguir marchando hacia alguna parte. Tal vez para ese entonces todos habían ya olvidado lo que era la cordura. O peor aún, él era el último cuerdo en ese salvaje lugar.

Cerró la puerta con llave a pesar de no haber nada de valor en el interior y esto le pareció divertido. Era un autómata y esa denominación le hizo lanzar una corta carcajada que retumbó en el largo corredor llenándolo de un misterio que nunca había percibido hasta entonces. Lanzó las 17 bolsas de basura por el shut y así se desprendió de un gran peso material del que se había vuelto dependiente sin darse cuenta. Hasta esa mañana, su vida había estado sustentada por una infinidad de adornos que distraían su atención de lo primordial, acercándolo más a eso de lo que siempre quiso huir. Era cont
radictorio, como todo lo que decía tan solo para alardear y así, poder ubicarse en un cómodo lugar de su entorno.

Encendió su auto y rodó en busca de la vía que lo sacara de allí pronto. Mientras conducía recordó el momento en el que ella se despidió. Era algo que ambos sabían tenía que ocurrir en algún momento, más pronto que tarde. Mientras el momento de la separación se acercaba, su amor por ella creció tomando tanta fuerza que creyó sería suficiente para impedir que el destino cumpliera su cometido. Una vez más jugó a ser el héroe y lo perdió todo. Ahora que no tenía nada más que perder, se alejó de su leyenda para acercarse a una vida más real e inspiradora por sí misma.

El camino hacia el mar aparecía como la opción más acertada así que giró hacia la izquierda y tomó la autopista. Al cabo de un poco tiempo ya respiraba el aire del campo y sentía cómo su cuerpo se revitalizaba con cada kilómetro alcanzado. Era

el mismo viaje que tiempo atrás ambos habían soñado, así que no era del todo un viaje en solitario. El asiento del copiloto se mantenía desocupado y era inevitable no echarle una mirada de vez en cuando para revivir su imagen. La música ya no sonaba en la radio sino en sus recuerdos y se compactaba con ese instante de una extraña manera complementándolo todo.

El cansancio lo detuvo en un restaurante junto a la carretera. El ambiente árido rodeaba el lugar y le daba ese extraño aire de soledad y misticismo propio de algún spaguetti western. Una vez entró al lugar la idea se reforzó al convertirse en el centro de las miradas de esos campesinos sucios y desaliñados. Era un forastero que huía de sus pecados en busca de una nueva oportunidad y ni él mismo sabía si ese era el lugar indicado para encontrarla. Pidió un café cargado y un par de panecillos aún bajo la mirada del público que parecía esperar que un espectacular hecho los sacara de sus aburridas vidas. Sacó su revólver y disparó contra el anciano sentado a su lado con tan buena puntería que su cráneo se abrió como una cáscara de nuez antes de chocar contra el suelo. Luego apuntó contra la madre de una horrible niña pecosa quedando ésta salpicada de sangre oscura por todo su rostro. Los gritos lo despertaron y su café ya estaba servido. La mesera preguntó si deseaba algo más pero él negó. Aún estaba aturdido y trataba de recuperarse luego de ese abrupto paréntesis. Algo de satisfacción quedaba siempre en él luego de tener este tipo de alucinaciones que aparecían aleatoriamente sin él proponérselo.

El lugar parecía otro cuando salió y se dirigió de nuevo a su auto. El cielo se había nublado y la luz del Sol tenía un extraño color púrpura que le daba otro aspecto aún más inquietante al desierto. Encendió el motor y se acomodó en la silla bajo la mirada fija de la gente dentro del lugar. La niña pecosa movió con timidez su mano despidiéndose y dejó escapar una leve sonrisa. No se hizo más bella por eso, seguía siendo horrible, pero era como si una pequeña dosis de paz hubiera penetrado su alma para recordarle el sentido de su viaje. Arrancó dejando una nube de polvo que lo hizo perder de vista el lugar para siempre.

El Sol se ocultó y la noche comenzó acompañada por una fuerte tormenta. Pronto se hizo imposible seguir andando pues la visibilidad era casi nula y la única manera de mantenerse en el camino era gracias a los truenos que iluminaban a intervalos el lugar. Orilló el carro donde pudo y apagó el motor quedando completamente aislado del mundo por la densa lluvia. Bajó el espaldar de la silla y cerró los ojos para dejar pasar el tiempo con tranquilidad. Al cabo de un rato, como producto de imágenes e ideas sin sentido predecesoras del sueño profundo, en su memoria fue surgiendo una vieja melodía que pronto cobró forma invadiendo su cabeza mientras los recuerdos iban aflorando. Entonces ahí, en medio de ese lugar desconocido donde el tiempo había perdido su significado, tuvo una revelación que lo llenó de miedo al darse cuenta que lo único que lo mantenía atado al pasado era ella. Se despertó de un salto y el espaldar se reclinó con fuerza empujando su cara contra el volante. El golpe le rompió la nariz y lo hizo perder el sentido de orientación una vez más. La lluvia no cesaba y caía con más violencia sobre las latas del carro. Maldijo su suerte y estiró la manga de su saco para limpiarse la sangre y detener la hemorragia. Con la mirada al frente pensó lo miserable que debía verse ahí, en medio de la nada, escampando en un viejo carro y con la cara ensangrentada por un ridículo golpe. De pronto, la luz de los relámpagos iluminó por un momento la carretera y surgió una figura a lo lejos que desapareció de nuevo en la oscuridad. Se fijó con atención esperando que otro rayo develara el misterio. Con la manga del saco limpió el vidrio panorámico para ver con más claridad. Enfocó su mirada y entonces otro relámpago le mostró a una persona que se acercaba despacio. Llevaba una especie de capota que cubría su figura y no pudo distinguir qué tipo de persona podría ser. En todo caso, dadas las particulares circunstancias y basado en sus propias experiencias y fobias del pasado, desconfió y estuvo alerta dispuesto a salir corriendo del carro a la menor muestra de peligro. Tomó el bate bajo la silla y esperó pacientemente hasta que la figura estuvo lo suficientemente cerca, entonces encendió las luces altas del carro. La figura se detuvo y cubrió sus ojos con fastidio. Gritó preguntando qué quería al misterioso ser que volvió a avanzar contra el viento y la lluvia. Una vez estuvo lo suficientemente cerca, éste se detuvo y se quitó la capota; se trataba de una mujer que fijó su mirada en el interior del carro, a pesar de no poder ver con claridad lo que había en él. Con algo de desconfianza fue soltando el bate y apagó las luces. Subió los seguros de las puertas e hizo una señal invitando a la mujer a subirse. Ella accedió y pronto estuvo a su lado. Le agradeció y se presentó como "una caminante perdida". Él, sostuvo la mirada sobre ella hasta que fue evidente que intentaba develar algún misterio que no sería posible resolver en tales circunstancias. Era claro que le tomaría algún tiempo llegar al fondo del problema y quién sabe si alcanzara el tiempo para resolverlo. Quién sabe si valiera, incluso, la pena hacerlo.

La lluvia fue cesando y el cielo poco a poco se fue despejando dejando ver las primeras estrellas. La primera en descubrirse fue esa a la que hacía ya tiempo él mismo hubiera bautizado con el mismo nombre de su único amor. Encendió el auto y retomó el camino hacia el Este al son de un viejo CD con varias canciones minuciosamente escogidas. Durante un buen rato ella no habló, solo miraba al cielo con su cabeza recostada contra el marco de la puerta y de vez en cuando murmullaba alguna parte de una canción para luego suspirar y volver a retomar su profundo silencio.

Era ya tarde y la medianoche se acercaba. Los ojos le pesaban y le costaba mantenerse despierto. Le preguntó si quería descansar en algún hotel del camino a lo que ella respondió con una negativa. Su propuesta fue aún más audaz. Propuso conducir mientras él descansaba a su lado. Al cabo de un rato, él yacía dormido en el asiento del copiloto y ella conducía tragándose la carretera con gran tranquilidad. Una idea lo atacó antes de entrar en estado de inconsciencia, "solo es un sueño, mañana ya se habrá marchado". Y así, se hundió en sus sueños.

Lentamente la imagen fue componiéndose y tomando forma real. Un viejo poste del que colgaba un teléfono descompuesto de SOS se impuso ante él y lo trajo de vuelta a la realidad. El Sol ya despuntaba envuelto en un silencio mortuorio. Miró a su lado para buscar algo que aún no recordaba qué podría ser. El asiento del chofer estaba vacío. El freno de mano estaba puesto y las llaves permanecían colgadas del switcher. No tenía muy claro por qué el color del llavero había cambiado. Hasta donde supo, siempre había sido anaranjado y ahora era azul celeste. Abrió la puerta y se bajó para desperezarse y tomar la primera bocanada de aire en el día. Estuvo unos minutos ahí, en silencio, viendo cómo el suave viento desprendía la arena de la superficie haciéndola formar círculos sobre el árido paisaje. Miró a su alrededor buscando indicios de vida en alguna parte, tal vez un techo de lata o una cerca que delimitara algún terreno. Nada. Estaba él solo. Caminó en círculos un rato frente al carro esperando que el pasar del tiempo trajera alguna sorpresa que lo sacara de ese letargo. Finalmente se decidió y de una vez por todas fue hacia la parte trasera del auto. Se paró frente a la puerta del baúl y lo detalló. Estaba la marca del carro completamente hecha en aluminio y adornada con delicados caracteres que le daban una burda elegancia. Miró hacia todas partes antes de decidirse a abrir la puerta. Una vez ubicado espacialmente dio un jalonazo a la manija y la puerta se abrió como un resorte. Lo que vio fue impactante, claro, sin embargo lo era mucho más el saber que la idea ya había pasado por su cabeza como una estela que duró proyectada en su inconsciente desde el momento en que ambos decidieron unirse para compartirlo todo. El viaje había terminado sin ningún océano cristalino ni cielo púrpura como redención. Ahí, bajo el Sol del desierto, ahora sin ninguna culpa, ni siquiera una razón, esculpió en el último trozo de su memoria el que fuera su epitafio en soledad.




lunes, 2 de mayo de 2011

HURT

El sabor había desaparecido al tiempo que el color comenzaba a desvanecerse por entre las persianas entreabiertas. Las luces del edificio contiguo se colaban por la ventana y hacían brillar de manera particular sus ojos, dándoles un leve brillo que nunca antes habían tenido. La sola idea de seguir tiñendo su vida de los mismos tonos le era tan absurda, como lo era ya para ese entonces, el hecho de haber confiado en esa gran ilusión en la que tanto tiempo y energía vital había dedicado. El reflejo en su plexo solar siempre le había advertido sobre el riesgo de sobrepasarse con el denominado “autocontrol”, después de todo, tanta confianza no podía aflorar de sus delicadas ideas por muy en lo profundo que ellas se encontraran. Levantó su mano derecha y la miró en contraluz alcanzando a detallar una que otra arteria importante de su organismo. La sangre seguía fluyendo sin descanso desde hacía ya 29 años; no importaban sus ideas, pensamientos, ideales, ni ninguna de esas mentiras sobre las que había edificado lo que alguna vez llamó con orgullo “yo”. Ya estaba cansado, si había aprendido algunas cosas, ya le eran suficientes como para no querer ver más de lo mismo. Una nueva oportunidad apareció de manera intempestiva en el único momento en el que no quería hacer absolutamente nada. Tal vez alguna fuerza superior la había enviando para que se cruzara en su camino y lo distrajera un rato de su profunda tristeza, esa misma de la que nunca pudo escapar y que tuvo que aprender a acallar solo para que los demás se sintieran a gusto con él. Estando ahí, desnudo sobre su cama, tuvo la única revelación que devolvió el color al lugar. Al tiempo que su corazón se iba deteniendo, supo que el viaje debía emprenderlo solo, evitándole tanta angustia a ella, que solo quería darle lo mejor de su ser. Él no era capaz de recibir tanto amor, no tenía dónde guardarlo, ni siquiera sabía cómo conservarlo. Cerró su puño y dejó que toda su sangre escapara por la herida abierta a lo largo de su antebrazo. La habitación pronto se tornó azul celeste y la luz del exterior comenzó a oscurecerse llenándose de tonos púrpura y rojo. Recordó la primera vez que la vio a los ojos y se sintió tranquilo pues, después de todo, pudo saborear un pedazo de amor puro antes de llevarse todos sus recuerdos al único lugar donde no la dañarían. La amó y luego se marchó.

jueves, 11 de noviembre de 2010

PRE

"Que cuando la muerte llegue te encuentre al menos ocupado"... esa frase nunca había resultado tan diciente como en este momento para Erik. Si bien las cosas no eran sencillas, muy dentro de sí sabía que había sido bendecido con una extraña "buena suerte", o como quiera que lo llamaran. Estando ahí sentado en el bus, mirando por la ventana se confrontaba una vez más con sus más profundos miedos, los mismos contra los que siempre combatía cada vez que la soledad lo invadía. En algún punto de su historia, ella había llegado para aquietar esos fantasmas, para invitarlos a convivir y hacer parte de sus vidas. Eso fue antes de que se marchara por tiempo indefinido. Ahora, Erik no sabía qué carajos hacer con ellos. Al despertar ahí estaban esperando por el primer pensamiento para atacarlo con bulla y dudas. El más mínimo temor pronto cobraba un valor poderosamente destructivo y si ese día en especial decidía no salir a la calle, ellos lo empujaban sacándolo semi desnudo sin permitirle prepararse mentalmente para tan dura tarea. Así que esa tarde Erik decidió hablarles de frente. Mientras estuvo en el bus los buscó en cada reflejo, en la mirada de algún transeunte, en el hábito de alguna monja, en los zapatos sucios del indigente, en todo lugar donde siempre los había encontrado. Pero esa tarde, por muy extraño que parezca, sus fantasmas no aparecieron. Caminó por la calle solitaria de la que alguna vez había huído asustado; nada, estaba solo él y su sombra que comenzaba a ennegrecerse. El Sol se ocultaba ya y Erik tuvo el extraño presentimiento de que la respuesta estaría en aquel bar de mala muerte del que tanto había huído tras quedar solo. Trazó la ruta y se encaminó hacia allí. La noche comenzaba ya, la gente celebraba el fin de la semana legal de trabajo mientras bebían y oían música a alto volumen. Todos estaban ahí con el único propósito de mostrarse y admirarse. Erik no, él solo buscaba salir de ésta situación tan particular en la que estaba inmerso y así, poder retomar el camino que lo llevaría hasta donde ella se encontrara. Se sentó en la misma mesa de hace varios años. Pidió una cerveza y esperó. El tiempo pasó y la gente poco a poco se fue acercando a él. Comenzaban a lucir diferente bajo los colores de la noche, como si la piel les sobrara y su esqueleto fuera más fuerte y prominente. Pronto, Erik se vió rodeado de gente desconocida que lo miraba y susurraba. Una que otra burla salía de aquí y de allá al tiempo que lo señalaban. Tomó el último trago de su botella y se puso de pie, confrontando a todas esas personas transformadas en masa. El olor casi lo hace vomitar y a duras penas pudo pronunciar estas palabras: "Solo muéstrenme el camino para llegar a ella". La masa se avalanzó sobre él y en poco tiempo no hubo ya más Erik. Había pasado el letargo de la preocupación y justo como su abuelo lo había predicho, ella lo encontró ocupado al fin. Era tiempo de recomenzar vistiendo otra piel.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Rêve

Desde el momento en que abría los ojos para comenzar un nuevo día, la primera imagen que venía a su cabeza era esa misma que lo había acompañado desde siempre. Acto seguido, sumaba las horas de diferencia entre un país y el otro para imaginar qué estaría haciendo ella; cómo habría estado su día; qué ropa estaría usando y cómo luciría en esa bicicleta mientras recorría la ciudad de sus sueños. Era una imagen casi celestial que de alguna extraña manera le traía paz, en medio de la profunda tristeza que sentía por no poder estar junto a ella. El tiempo que juntos habían compartido había sido relativamente poco y, sin embargo, sentía cómo su vida se había unido a la de ella para nunca más separarse, como un solo ser que ahora orbitaba acompañado por un sin fin de hermosas canciones. Cada minuto allí, solo, inmerso en sus pensamientos, lo acercaba más al momento definitivo en el que volvería a estar a su lado para prometerle nunca más volverse a separar. Era todo lo que había deseado desde el momento en el que ambos, sin saberlo, comenzaron sus vidas en pantalla dividida. Mientras ella jugaba con sus amigos de barrio y se preguntaba por qué no podía tener una familia que le dedicara tiempo y le diera todo ese amor que tanto deseaba, él, muy lejos de allí, jugaba solo frente al televisor con sus soldados de plástico imaginando grandes batallas de las que siempre salía victorioso. No conoció la calle ni supo jamás el significado de la amistad y la aventura. A cambio, proyectaba todos sus deseos a través de historias contadas y actuadas por personas extrañas que, en la mayoría de los casos, hablaban otro idioma aún desconocido para él. Creció y poco a poco fue descubriendo el significado de esas pequeñas cosas que los demás niños parecían ya desde hacía tiempo conocer muy bien. Se sentía solo, pero todavía no sabía lo que la soledad era. Vivía sus días narrando su propia historia desde algún punto en el futuro y fue así como forjó a esa persona en la que se convertiría tras años de indescriptible confusión. Pasaba ya su primera década cuando comenzó a descubrir que los grandes placeres de los que las demás personas disfrutaban a él simplemente no le interesaban. Había descubierto el placer más grande gracias a la música. Aprendió a vivir a través de ella las historias que se relataban y por primera vez logró descubrir lo que eran los sentimientos. El camino seguía abriéndose para encontrar nuevos elementos que alimentaban su alma pero que, irremediablemente, lo alejaban cada vez más de ese mundo del que todos disfrutaban animados los unos por los otros. Intentó estar en ambos lugares al mismo tiempo en busca de ese equilibrio perfecto para no sentirse como un hombre sin lugar, pero al final, tuvo que enfrentarse a su soledad por segunda vez. Era extraño, pues la adultez y los reflejos del exterior ya le habían mostrado de distintas maneras lo que significaría el tener que pasar el resto de sus días dependiendo de un único ser: él mismo. Supo entonces que era tiempo de encontrar a esa niña que tiempo atrás jugara en algún lugar de la ciudad pidiendo el más puro de todos los deseos: ser amada. Comenzó a caminar dejando que la vida misma le fuera mostrando infinidad de posibilidades que, sin él saberlo, lo conducirían al único lugar al que podría llegar pues, ya desde hacía mucho tiempo, lo había deseado al ritmo de esa canción. Conoció a varias personas, cometió errores, experimentó buscando la felicidad, todo fue pasando y su historia se fue relatando, pero lo que nunca lo abandonó fue esa imagen que tanta paz le traía. Sin darse cuenta era la mayor motivación que encontraba para seguir andando, buscandola detrás de los miles de rostros que a diario lo observaban creyendo entenderlo todo. En algún punto de la historia, tal vez el de mayor confusión, la resignación apareció y decidió quedarse un buen rato tan solo para ver qué sucedía. Ni siquiera pensó en que todo era por falta de agallas, no! Solo se encontró estancado en lo que podría llamarse "la vida del adulto", una vida que para pesar de muchos es gobernada por la resignación. Tuvo la firme intención de quedarse allí plantado y de seguir su vida rodeado por lo que hasta allí había podido obtener, pero algo le faltaba. Siempre le faltaba ese algo del que no podía desprenderse, esa sensación de que todo podría estar mucho mejor si tan solo la encontra en el mundo real. Esa misma sensación que tuvo cuando encerrado en su cuarto oyó esa canción y supo lo que era el amor... "oh girl...". Sacudió su cabeza e hizo un movimiento brusco que lo liberó de esa carga que él mismo había decidido llevar. Se alejó por última vez para meterse en un lugar desconocido lleno de gente desconocida, orientado únicamente por los sonidos familiares de los que tanto había disfrutado alguna vez. Sin saberlo, estar en el lugar en el que esa noche estuvo hacía parte de algo grande, de una nueva y única oportunidad que develaría de una sola vez el gran misterio de ese par de niños separados por la línea divisioria en un televisor.

Un nuevo Sol comienza a calentar la habitación. Ya es hora de ponerse de pie y de seguir con ésta penosa cuenta regresiva. Hace un mes ella le dijo que se iría, ya era un hecho. Todo pareció un sueño, el más hermoso de todos. Por primera vez en muchos años se reencontraron para ratificar infinidad de ideas y todo estuvo bien. Solo bastaba con estar para poder, al fin, ser. El uno para el otro, así es como fue desde ese momento en el que, sin saberlo, ambos desearon estar unidos por éste fuerte lazo. Pronto, más pronto de lo que pueden siquiera imaginar, volverán a estar abrazados viendo alguna película cursi de amores imposibles, compartiendo de nuevo la misma imagen en el televisor y ésta historia, hasta ahora contada en pantalla dividida, será una sola donde todo pueda resolverse solo por el amor.

"Y si el río de mi amor se precipita por fragoso terreno, no importa, no hay río que no se abra paso tarde o temprano hacia el mar."
F.N.

lunes, 21 de junio de 2010

L'éclat

Ahí estaban una vez más; él del lado derecho y ella del izquierdo. Curiosa posición la que habían decidido adoptar sin previo acuerdo. Muchas lunas habían ya pasado el uno junto al otro y sin embargo ésta había sido particularmente extraña, cargada de matices y de pálpitos expontáneos que los separaban por pequeñas fracciones de segundo para volverlos a unir en ese acto aún desconocido. Cuando los primeros rayos de luz se comenzaron a filtrar por el ventanal era claro que ya nada sería como antes. El color de la imponente montaña ya no era el mismo y la misma luz del Sol ahora tocaba rincones inhóspitos que transformaban el lugar en un espacio nuevo listo para ser disfrutado. Edgar miró al techo por un largo rato hasta que logró descomponerlo en pequeñas partículas que ahora lo hacían blando y casi transparente. Tuvo la firme intención de estirarse y tocarlo solo para comprobar que ahora lo podía atravesar. Sin embargo, tuvo miedo de perderse de una vez por todas y no encontrar el camino de regreso a su lado. De un tiempo para acá se sentía extraviado entre los montones de figuras alargadas que lo condenaban a caminar muy pegado al suelo. El miedo ya le era tan familiar que comenzó a encariñarse con él. Quiso corromperlo llenándolo de falsas ilusiones pero sus insulsas palabras resultaban completamente insignificantes ante su brutal presencia. Se sentó en la cama y suspiró aliviado al verse de nuevo junto a ella. Desde ese ángulo alcanzaba a disfrutar de su presencia como nunca antes lo había podido hacer más que por fracciones de segundo. Recordó lo mucho que disfrutaba el ver su reflejo en la pantalla del televisor mientras veían alguna película. De reojo detallaba cómo las largas pestañas contorneaban sus verdes ojos haciéndolos parecer impenetrables e indestructibles. Nunca tuvo el suficiente valor como para verlos fijamente durante mucho tiempo pues siempre quedaba irremediablemente atrapado en su reflejo. Se rascó la nuca con algo de desespero, el sentimiento de culpa con el que se había despertado no lo dejaba tranquilo y tuvo que ponerse de pie. Ahora, desde lo alto todo se veía mucho más claro sin él ahí. El costado derecho era ahora un vacío junto a ella que ayudaba en algo a componer el cuadro, dándole un espacio de reflexión y de tranquilidad que nunca había podido siquiera intuír por estar siempre acaparando ese espacio vital. Sintió ganas de correr en busca del aire prometido por la inmensa montaña de la que tanto había aprendido. Impulsivamente avanzó hacia el ventanal y abrió la persiana que todo lo escondía delante de ella. Los tonos claros, casi reflectivos, se tomaron el lugar acariciando el cuerpo desnudo que aún ocupaba el lado izquierdo. Era realmente hermosa aún cuando estaba muda y eso lo llenó de satisfacción. Se arrodilló a su lado y comenzó a acariciarla desde su cintura subiendo por sus hombros hasta llegar a su cara. Ella se estremeció y sonrió levemente antes de abrir los ojos. Después de esto, todo fue confusión. Comienza una serie de gritos y de chillidos al tiempo que salta de la cama tratando de tapar su cuerpo desnudo. Ahora llora desesperada y se toma la cabeza como si quisiera arrancársela. Edgar trata de acercarse para tranquilizarla pero ella huye despavorida envolviéndose en una chaqueta que encuentra en su camino dejando una estela de confusión y pánico tras ella. Tira la puerta con fuerza y se pierde dejando el espacio nuevamente en absoluto orden. La luminosidad, sin embargo, ya no es la misma a pesar de tratarse del mismo lugar. Está comenzando y debe apurarse si no quiere perderse para siempre. Su piel empieza a resquebrajarse y sus huesos se hacen blandos. Sin el suficiente soporte, su carne pesa ahora más y tiene que arrastrase para alcanzar la puerta del baño. Con la poca fuerza que aún conserva logra empujarla y accede al espacio que lo salvará. Se recuesta contra la pared y utilizándola como soporte empieza a ponerse de pie recobrando el aire y la cordura. La parte más importante aún no ha sucedido así que ahora busca con sus ojos el espejo que lo devolverá a la vida y a esa realidad de la que tanto se apega para poder seguir creyendo. Su reflejo poco a poco empieza a materializarse comenzando por sus propios ojos que ahora parecen mucho más claros de lo normal. Su rostro se va ensamblando pieza por pieza hasta formar esta figura desconocida. Su cuello ya no es el mismo y sus hombros parecen ahora más estrechos que de costumbre. Puede inclusive ver su sistema de irrigación sanguínea con tal detalle que se pierde entre sus complejas ramificaciones por un buen rato. Ahora todo está impregnado de este pálpito vital del que no puede desprenderse. Su voluntad ya no le pertenece ni le obedece. Ahí, en éste espejo ha quedado irremediablemente confinado para descubrir que nunca logró escapar del brillo de sus ojos.

sábado, 5 de junio de 2010

Solo un Instante

Tras los muros de cal buscando la sombra de algunos balcones está escondiéndose del fuerte calor ella. Gotas de sudor se escurren por su cuello largo y blanco hasta llegar a sus pechos, cubriéndola de una fina escarcha desde la cara hasta los hombros. Sedienta, su respiración agitada solo es percibida por el hombre de la capucha que la mira fijamente desde el otro lado de la plaza. Siente cómo la huele desde la distancia y no puede evitar estremecerse ante la imponencia de este desconocido. Cómo es que siendo la primera vez que lo ve pueda sentirse tan poderosamente poseída de este intenso mal que la aleja de esa niña inocente que hasta hace poco fue? Insoportables resultan los segundos que corren entre ellos como una cuenta regresiva que terminará con una explosión de sentidos desconocidos y altamente adictivos. El hombre da tres pasos que luego se convierten en 10 que irremediablemente pasarán a ser muchos más hasta que la tiene tan cerca que puede casi rozar sus labios. Ella, casi paralizada por la impresión solo alcanza a retirarse el pelo de la cara para que ya no exista ninguna barrera entre los dos. Se miran fijamente como si de un duelo a muerte se tratara. El calor se intensifica a medida que el Sol asciende sobre sus cabezas y muy pronto ambos seres sienten el aliento del otro sobre su rostro. Con la respiración entrecortada ella comienza a sentir cómo una mano acaricia sus muslos con suavidad y detenimiento. La mano sube pasando por su pelvis hasta llegar a su vientre. El Sol ya no calienta, la sed desaparece y las nubes en el cielo se detienen. Con un rápido movimiento que hace silbar el viento cortándolo en dos, el afilado cuchillo se desliza atravesando capas de grasa y tejido que pronto se tiñen de un color único. Al tiempo que ella deja escapar un gemido liberador, se cuelga de su cuello implorándole no la deje desfallecer. El cuchillo gira en su interior una y dos veces perpetuando así este único momento de lucidez y dicha enteramente suyo. El Sol se apaga y las nubes se desvanecen inmortalizando ese rostro desconocido que ayudó a descubrir este único instante poco distante.

martes, 11 de mayo de 2010

Condena

Todo se retuerce en su interior como si fuera a salir de su cabeza un grueso resorte oxidado que deje por fin circular el aire dentro. A estas alturas los recuerdos y las ideas ya han dejado de serle familiares. Ahora solo se trata de imágenes desarticuladas que le impiden seguir una línea narrativa coherente. La salida más próxima lo seduce y aparece ante él para brindarle una extraña tranquilidad que le resulta muy familiar. Aún conserva la esperanza de que haya algo más aquí de lo que pueda sentirse plenamente orgulloso y nunca más tenga que volver a mirar hacia abajo esperando por su propio perdón, mucho menos por el de los demás. Detrás suyo ha dejado intrigas, decepciones, ilusiones, abrazos, halagos, pero ninguno ha sido tan real como para detenerse y contemplarlo con vehemencia. Son ideas falsas, recreaciones hechas por una cabeza mal armada que está destinada a perderse en las profundidades del espiral descendente del que hace parte el infinito. Su condena: No ser recordado ni poder recordar. Muchos pudieron ser los caminos a seguir, mas solo uno pudo transitar para no lastimarse sus débiles extremidades de insecto. Todas sus opciones han quedado atrás dejando un halo de incertidumbre a su paso mientras se tortura por no poder ser lo que desea. Tal vez sin su cuerpo pueda alcanzar la dicha absoluta que tan esquiva le ha sido y logre llegar a ese estado de plenitud del que alguna vez provino y del que tuvo que alejarse en el momento de ensamblarse con este trozo de carne mortal. Puede ser una equivocación todo desde el inicio, eso ya está por ratificarlo, pero justo cuando la idea aparece lúcida ante sí, vienen lo pocos recuerdos que logró almacenar en su memoria para separarlo de su esencia y llevarlo de vuelta al cajón en el que está enterrado.