sábado, 16 de marzo de 2013

BLUR

Todo había sido un puto dolor de cabeza desde el momento en que decidió cruzar esa calle angosta; de haber sabido lo que iba a pasar, simplemente hubiera encendido un cigarrillo para convertirse en un simple espectador untado de blanco y negro. El olor a lluvia y a tierra humedecida aún retumbaba como si se tratara de una esquirla metálica incrustada en lo más profundo de sus sesos.  No podía olvidar la mirada que ella le lanzó justo antes de que decidiera saltar al charco para amortiguar el salto y así seguir hacia adelante hasta el andén de enfrente. Una vez ahí, los brillos y los mismos colores que antes no pudo siquiera disfrutar, parecían extenderse como un lienzo virgen abierto de par en par, dispuesto a ser ultrajado de manera violenta y sin compasión. La lluvia cubría con un terso velo la silueta de aquellos que aún seguían a la espera de que algo extraordinario les sucediera mientras sus ropas se mojaban y pesaban cada vez más. Algunos, incluso, comenzaron a desparramarse por el suelo hasta convertirse en un montón de tela mojada que en mucho se asemejaba a los desechos corporales de algún ser fantástico de intestinos azulados y púrpuras. Entonces, cuando parecía que el cielo finalmente iba a caer sobre las cabezas de todos quienes alguna vez pensaron en algo semejante, ella decidió soltarse de la acera y saltar para quedar estática y húmeda frente a él. Su vestido negro pronto comenzó a retomar sus matices rojizos y él pudo percibir su cándido aroma de nuevo para guardárselo en lo profundo de su pecho, cerrarlo bajo llave y conservarlo para siempre. Miró hacia arriba, y según la tradición, sopló para dispersar la tormenta. Poco a poco el agua fue dejando de caer y al cabo de unos minutos solo el sonido de los charcos escurriendo por las alcantarillas fue lo único que se oyó. Una mirada, de nuevo sus gruesas pestañas y esa leve sonrisa, fueron las señales que quiso seguir para mantener el clima en su estado natural.   

lunes, 21 de enero de 2013

NOW

Después de tanto andar, de tantas miradas evitar, tantos murmullos escuchar y, en fin, tantas cosas evitar, el fin del camino parecía estar ya por fin muy cerca. Nunca tuvo la prisa como para planear alguna cosa en especial, ya muchos planes quebrados había tenido que olvidar como para tener que volver la mirada y recoger sus restos ya corroídos por el paso del tiempo. Si algo tuvo claro durante los últimos 13 años, fue que nunca estaría completamente feliz más que a su lado. Alguna vez soñó con su silueta enfurecidamente roja, incandescente, llena de pura energía vital y pasión. No tuvo que esperar ni una década más para descubrirla tras esas paredes blancuzcas bajo las miradas de quienes querían devorársela como hienas hambrientas que esperaban curtir sus dientes con su bella piel ensangrentada. El paso del tiempo nunca se sintió transcurrir tan rápido, como tantos buenos momentos oscurecidos por el eterno presente, y si alguna vez tuvo dudas, este momento le había arrebatado mucho de lo que ingenuamente creyó haber sido hasta ahora. Nada importó, no hubo un segundo en el que dudara de algo, bastó con sentirla palpitante a su lado y todo recobró su caótico orden natural. Ahora estaba seguro, muy a su pesar, de que no había ganado tiempo intentando planear el orden en el que se debían suceder todos esos sueños llenos de sentimientos; por el contrario, nunca se había sentido más inseguro con el paso del tiempo y ahora que ya no pertenecía más a él, no pudo volverle a temer. 

martes, 15 de enero de 2013

WAITING...


Ya llevaba más de 14 horas ahí sentado con el culo adormecido, esperando que algo pasara, una señal, alguna cosa que lo sacara de ese estado de introspección en el que había caído de nuevo a causa de una frase malintencionada. Algún día, no muy lejos del ahora, prometió no dejarse joder por esas palabras curtidas de veneno. Se hizo fuerte en sus ideales y reforzó la idea de no volver a repetir lo vivido en el pasado, todo esto con el único fin de ponerle la gota agridulce a la ya amarga existencia de la que se aferraba como un autómata. El tiempo pasado no había sido en vano, y sin embargo, tampoco había pasado gran cosa con él. A menudo fijaba su atención en las vidas ya vividas por otros y se asombraba de que tuvieran tanta convicción en sus quehaceres cotidianos que poco cuidaban y guardaban del escrutinio del otro. Tal vez de eso se trataba todo el asunto, de entrar en un estado en el que debía publicar todo lo que llevaba dentro sin tomarse la molestia de guardarse nada para poder ser al menos un pedazo de él, todo con el ánimo de estar en sintonía y armonía con el resto de seres que pasaban por todos sus frentes a gran velocidad y que ni siquiera se tomaban la molestia de verlo a los ojos. Echó un ojo a lado y lado para asegurase de que nadie lo observaba solo para ratificar su reciente teoría. Así, y sin más, supo que estaba donde debía estar y que de allí no se movería a menos de que ella regresara con su boca llena de nuevas y dulces palabras para volver a recomenzar.

viernes, 28 de diciembre de 2012

RED SEASON

Estos son los buenos momentos, llenos de dulzura y cosquilleo pectoral cada vez que sus cuerpos se acercan y sus miradas se cruzan por fracciones de segundo. Fue inevitable no dejar aflorar todas esas palabras que por tanto tiempo permanecieron inconexas adornando las imágenes que se sucedían como idealizaciones de momentos aún irreales. El pasado comenzaba a borrarse de una vez por todas para empezar desde cero al son de una bien definida banda sonora. La primera vez que la vi, supe tan solo por un instante que iba a estar irremediablemente junto a ella; el color rojo de su vestido parecía vibrar con los rayos del sol que sobre él caían haciéndola sobresalir del frío corredor grisáceo por el que con tanta propiedad andaba dejando una estela de luz de vida. Sus ojos brillaban con intensidad y desde lo lejos parecieron hundirse sobre mí por un momento tan corto que todo alrededor perdió su bien definida concepción temporal. Al cabo de un rato estuvimos tan cerca el uno del otro, aún sin conocernos, aún sin cruzar palabra, que tan solo con oír su voz a la distancia pude disfrutar de ese corto momento en que sus rojos labios sonrieron y entonces no hubo más remedio que llevármela a donde nadie pudiera separarnos. Ahora comencé a dejar de imaginarla, basta con recordar esos buenos momentos que juntos compartimos en medio del torbellino arrasador de un pasado que comienza a desvanecerse para recordarnos de qué estamos hechos. En las noches tomo su mano, escucho su respiración acompasada y observo el palpitar de su cuerpo adormecido. Solo un momento, único e imperecedero es lo que necesitamos para seguir andando al son de esta banda sonora que está en constante evolución para llevarnos al único lugar al que en verdad pertenecemos. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Bright

En el universo de todas las posibilidades envueltas en un terso velo, justo acá pareciera que todo recobra el peso perdido por el desgaste de un tiempo ya desdibujado. No queda más que oír, sentir y disfrutar mientras intento moldear el tiempo para tomar de él solo esos preciosos momentos que logro retener en sueños y que me acompañan para recordarme de qué estamos hechos cada vez que cruzo mi mirada con su silueta resplandeciente y estilizada.  




sábado, 15 de septiembre de 2012

Enjoy the Silence

De donde vengo la gente tiene varias cosas en común. Una de ellas es la exuberante  fealdad que desborda sus almas. En este lugar la gente tiene varias cosas en común: un ojo desviado y esa particular manera de pronunciar la doble L como lo hacían nuestros abuelos, mejor adoctrinados bajo el régimen de la regla y el castigo humillante. Supongo que es el clima, y no el nivel de alicoramiento que en mí crece, el que me hace percibir cierto tono insinuante de índole sexual en cada chiquilla que pasa frente a mí mostrando sus muslos y carnes aún firmes apenas ocultas tras unas pocas ropas. Soy un provinciano, un extranjero en mi propio país incapaz de reconocer los códigos  que todos acá parecen manejar con tanta naturalidad y sutileza. El acento, la temperatura, la distante ciudad gélida cuyo recuerdo parece titilar como un faro que se ahoga en el horizonte de una cruda tormenta, me hace sentir como un hombre sin hogar, fuera del espacio y, hoy más que nunca, fuera del tiempo.

Un matrimonio acaba de consumarse en este lugar impregnado de sudor y despreocupación,  cuyas gentes parecen salidas de un guión de El Zorro versión 1930. Sin embargo, la noche no es pretexto para dejar de hacerme esta pregunta: ¿Cómo carajos puede alguien vestirse con traje y corbata en este clima que, muy a pesar de la mismísima noche, supera los 20 grados centígrados? Este hecho que se consolida sin miramientos ni dudas, hace que dentro de mí crezca de nuevo esta desazón que me excluye de todo lugar, de todo tiempo, aligerando el peso de un pasado que parece hundirse con el recuerdo de una ilusión siempre esquiva e hilarante que se desvanece como fina arena roja entre mis dedos.

“En el silencio, todos nos perdemos para volvernos a encontrar…”  



martes, 21 de agosto de 2012

Alatriste

- Todos amamos una vez o varias. Y un día, deja de ocurrir. Eso es todo.
- Así de fácil?
- Así de difícil

                                                                                   











Capitán Diego Alatriste