Muchas mañanas se despertó
formulándose la misma pregunta. Días enteros rondó por su cabeza la oración
pero la respuesta no llegaba. Algo se veía al final, un destello, pero en conclusión,
nada pudo responder. Emprendió varios viajes, anduvo por muchos caminos, tomó diferentes
manos, unas sudorosas, otras carrasposas, solo unas pocas muy suaves. Tampoco
halló la respuesta en el horizonte cuando el Sol se ocultaba para dar paso al
cielo estrellado. Buscó bajo el agua, en la cima congelada de las montañas, en
la mirada astuta de los niños, en las lágrimas de quienes no quisieron seguir a
su lado, pero la respuesta no llegaba. Cansado, derrotado y sin esperanzas, se
jugó la última carta; su última oportunidad. Eran ya las 5 y media de la tarde
cuando llegó al balcón de su habitación. Estaba solo a pesar de tener a mucha
gente a su alrededor. No soportaba la adulación ni tener que sonreír cuando las
palabras se terminaban. Encendió un cigarrillo esperando elevar su espíritu
hasta alturas cinematográficas, pues de alguna manera, fumar era lo más próximo
que de la muerte podía estar. En los detalles reside la magia. Así, que sin más
remedio, imaginó, voló y nunca más volvió.
jueves, 11 de julio de 2013
martes, 25 de junio de 2013
Sí, señor Bukowski
“El amor es para la gente real”.
Gente fea, de piel grasosa, espinillas en la espalda, motas en el ombligo, uñas
que ya estuvieron encarnadas; gente de espalda encorvada y panza desbordada por
encima del cinturón; gente con mal aliento en las mañanas, en las noches o todo
el día; gente que se saca los mocos y los pega debajo de las sillas; gente que
se rasca los oídos con las llaves de la casa; gente que prefiere colarse en la
fila a tener que esperar 7 horas más en ella; gente que prefiere distraerse denigrando
del otro que leyendo un buen artículo, o libro, o cómic, o calendario de
farmacia con caricaturas de perritos enamorados; gente que se enfurece y golpea al que sea por lo que sea; gente que
desayuna sopa con cabezas de pollo; gente que se lava las manos luego de
saludar a alguien en la calle llamándolo “parcero”, “amigo” o “hermano”; gente
que acepta mejor el feísmo como realidad. Sí, somos más y es verdad: hay que
ser un total cara de verga para seguir amándonos en medio de tanto realismo.
martes, 18 de junio de 2013
Sin Invitación
Se escurrió por la habitación
mientras ellos dormían. La luz que atravesaba las cortinas, apenas dejaba ver
las siluetas de sus cuerpos desnudos. Se detuvo junto a ella para apreciar sus
curvas; siempre lo habían enloquecido. Tras sus párpados entrecerrados se
escondían sus oscuros ojos y, por un momento, quiso hacérselos abrir para poder
disfrutar de ellos por última vez. Había entrado con facilidad; nunca necesitó
de ayuda para hacerlo pues siempre fue bienvenido en esta casa. Él dormía junto
a ella dándole la espalda y con un ligero gesto de molestia en su rostro. Se
notaba que no había dormido bien y que no se había casi movido mientras lo
hacía. Todo estaba dispuesto para que al amanecer ella ya se hubiera ido sin
ninguna razón, o tal vez con muchas, dejando tras de sí una baraja entera de
probabilidades, que más tarde que temprano, terminarían por enloquecer al
preocupado dormilón. Eran ya las 3:17, justo a tiempo para concretar el plan.
Estiró sus manos y acarició el suave cabello rojizo de ella, bajando por su
mejilla hasta el cuello. Ella se estremeció y dejó escapar una sonrisa plácida.
Apenas tuvo tiempo de abrir lentamente los ojos y de pasar del éxtasis al
horror, cuando su cuello se partió liberando un último aliento que fue
absorbido para siempre por quien ahora la dejaba escurrir entre sus manos.
Cerró sus párpados y estuvo tranquilo pues ella finalmente también lo estaba.
martes, 11 de junio de 2013
Stone's gone Up
No podía descubrir la entereza
que ya mucho tiempo atrás había descubierto en su mirada cuando buscaba el
primer reflejo al comienzo del día. Hoy por hoy, le era esquiva, indiferente y
siempre andaba con algún pretexto inconexo que terminaba por ahuyentar a quien
más próximo estuviera a él. Ya las ideas yonqui le resultaban repulsivas y poco
coherentes, incluso cuando encendía el viciado cigarro en busca de ese suspiro
de muerte plácida, lo único que veía era su rostro en cinco facetas multicolor,
pero ninguna de ellas lograba serle del todo familiar.
Emprendió el viaje a aquella
montaña de su infancia. Mientras se acercaba a ella, pudo reconocer algo de la
inocencia ya perdida; oyó las voces de aquellos que hacía tiempo ya habían
dejado de estar a su lado y supo que jamás volverían. Bajó de su carro y se
abrió camino hacia la cima en la que ya comenzaban a dibujarse los rayos ocre del
atardecer. Fijó su meta en la roca de la que, según la leyenda, salía una vez por
año aquel venado dejando una estela de color que atravesaba el cielo para
deleite de quienes se atrevían a mirar sin miedo hacia las alturas. El canto de
los pájaros se fue convirtiendo en uno solo a medida que se acercaba a su meta.
Un solo silbido, un aleteo frenético entre las copas de los árboles, el caer de
algunas hojas secas a la alfombra de musgo y roca húmeda, fueron el preámbulo
de un camino sin retorno cuya existencia era todo para él. La gran roca se mueve,
transmuta y abre paso a un sendero rojizo por el que ya sus huellas frescas
marcan el rumbo. Se detiene en el umbral, busca en sus recuerdos algo que lo
haga volver, una señal de fuego, una palabra. De las hojas por el suelo va brotando
una silueta familiar que camina hacia él con toda calma. Se acerca y lo toma de
la mano para mostrarle el camino de regreso señalando la inmensa cúpula de luz
que se alza en la llanura muy lejos de allí. Desciende de la montaña sin mirar
atrás, acompañado solo por la ilusión del pronto regreso y de una nueva
oportunidad para renacer junto a ella bajo la luz incandescente de una promesa entera
por vivir.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Master Control
Y si alguna vez sintió pocas
ganas de hablar con alguien y de evitar el más mínimo contacto con sus
semejantes, fue hasta el día de hoy en que ratificó esta decisión con una
solemnidad y una tranquilidad tal, que pudo oír el pulso de su corazón para saber
que todo iba a estar bien. Le parecía obsceno que hubiera tanta gente dedicada a demostrar, por encima
de todo y de todos, que tenían la razón; le parecía completamente innecesario
que unas personas anduvieran llenándose forzosamente de razones para enterrar a
las otras en fosas comunes desbordantes. Pero lo más mortificante era tener que
lidiar con tanto buitre disfrazado de sensible colibrí, pues nunca había tiempo
para agachar la cabeza antes de que asestaran su picotazo y se llevaran su
porción de carroña. Al final de cuentas, eran más los que disfrutaban vivir
entre las sobras que los que intentaban estirar el cuello para ver por encima de
la montaña de basura. Él era uno de esos, aunque en el silencio de las noches,
justo en el punto entre el sueño profundo y la cordura consciente del día a
día, se regocijaba en secreto por haber tomado alguna que otra vez parte de esa
gran porción de desechos, únicamente para saborearla y sentirse parte de su
propia especie. Aunque era extraño no pertenecer a ningún lugar, a ninguna casta,
a ningún momento, nunca se sintió más cómodo que trabajando desde las sombras
sin que nadie supiera de él. Era aún más gratificante saber que todo lo que se
ejecutaba estaba siendo dirigido, en secreto y silencio, por él mismo desde el
lugar en que mejor se reconocía. Desde allí, con toda la claridad y cordura,
dirigía su orquesta de músicos empíricos sin que ellos siquiera reconocieran las
notas que estaban ejecutando y desconocieran en su totalidad la obra de la que ya
hacían parte.
sábado, 16 de marzo de 2013
BLUR
Todo había sido un puto dolor de
cabeza desde el momento en que decidió cruzar esa calle angosta; de haber
sabido lo que iba a pasar, simplemente hubiera encendido un cigarrillo para
convertirse en un simple espectador untado de blanco y negro. El olor a lluvia
y a tierra humedecida aún retumbaba como si se tratara de una esquirla metálica
incrustada en lo más profundo de sus sesos. No podía olvidar la mirada que ella le lanzó
justo antes de que decidiera saltar al charco para amortiguar el salto y así seguir
hacia adelante hasta el andén de enfrente. Una vez ahí, los brillos y los
mismos colores que antes no pudo siquiera disfrutar, parecían extenderse como
un lienzo virgen abierto de par en par, dispuesto a ser ultrajado de manera
violenta y sin compasión. La lluvia cubría con un terso velo la silueta de
aquellos que aún seguían a la espera de que algo extraordinario les sucediera
mientras sus ropas se mojaban y pesaban cada vez más. Algunos, incluso,
comenzaron a desparramarse por el suelo hasta convertirse en un montón de tela
mojada que en mucho se asemejaba a los desechos corporales de algún ser fantástico
de intestinos azulados y púrpuras. Entonces, cuando parecía que el cielo
finalmente iba a caer sobre las cabezas de todos quienes alguna vez pensaron en
algo semejante, ella decidió soltarse de la acera y saltar para quedar estática
y húmeda frente a él. Su vestido negro pronto comenzó a retomar sus matices rojizos
y él pudo percibir su cándido aroma de nuevo para guardárselo en lo profundo de
su pecho, cerrarlo bajo llave y conservarlo para siempre. Miró hacia arriba, y
según la tradición, sopló para dispersar la tormenta. Poco a poco el agua fue
dejando de caer y al cabo de unos minutos solo el sonido de los charcos
escurriendo por las alcantarillas fue lo único que se oyó. Una mirada, de nuevo
sus gruesas pestañas y esa leve sonrisa, fueron las señales que quiso seguir para
mantener el clima en su estado natural.
lunes, 21 de enero de 2013
NOW
Después de tanto andar, de tantas
miradas evitar, tantos murmullos escuchar y, en fin, tantas cosas evitar, el
fin del camino parecía estar ya por fin muy cerca. Nunca tuvo la prisa como
para planear alguna cosa en especial, ya muchos planes quebrados había tenido
que olvidar como para tener que volver la mirada y recoger sus restos ya
corroídos por el paso del tiempo. Si algo tuvo claro durante los últimos 13
años, fue que nunca estaría completamente feliz más que a su lado. Alguna vez
soñó con su silueta enfurecidamente roja, incandescente, llena de pura energía
vital y pasión. No tuvo que esperar ni una década más para descubrirla tras
esas paredes blancuzcas bajo las miradas de quienes querían devorársela como
hienas hambrientas que esperaban curtir sus dientes con su bella piel
ensangrentada. El paso del tiempo nunca se sintió transcurrir tan rápido, como
tantos buenos momentos oscurecidos por el eterno presente, y si alguna vez tuvo
dudas, este momento le había arrebatado mucho de lo que ingenuamente creyó haber
sido hasta ahora. Nada importó, no hubo un segundo en el que dudara de algo,
bastó con sentirla palpitante a su lado y todo recobró su caótico orden
natural. Ahora estaba seguro, muy a su pesar, de que no había ganado tiempo
intentando planear el orden en el que se debían suceder todos esos sueños
llenos de sentimientos; por el contrario, nunca se había sentido más inseguro
con el paso del tiempo y ahora que ya no pertenecía más a él, no pudo volverle
a temer.
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