sábado, 30 de septiembre de 2017

SKIPPING

Trató de recordar su vida antes de reencontrarse frente a frente con su destello pero las imágenes eran vagas, carmesí y profundamente dolorosas. Por alguna razón la soledad terminó convirtiéndose en su verdugo; esa misma soledad que tanto se jactaba de haber logrado conquistar con tanto esfuerzo y dedicación durante décadas y que trajo el tan anhelado silencio que empañaba las ventanas de su habitación desde el preciso momento en que la luz de los días asomaba entre las rendijas de su puerta. De alguna extraña manera traía a sus oídos el vibrante sonido de la libertad inmediata, rápida y fugaz pero vacía y cambiante con cada anochecer. Moldeó toda una intención y un discurso a su alrededor tan solo para huir de esa vida que ya extrañaba y que siempre quiso pilotear. Abrochado el cinturón y con el pedal del acelerador a fondo chocó contra las inmensas olas de agua salada que lo mantuvieron siempre a flote y desde las que podía ver la pequeña vida de los parásitos que fornicaban allá abajo como manchas de heroína en la cuchara calentándose; partículas que se encontraban, luchaban y finalmente terminaban mezclándose para adentrarse entre los suspiros de placer de almas inocentes buscando darle muerte a la propia vida. Del otro lado siempre estaba la misma playa de aquel sueño recurrente por el que comenzaba a moverse y del que creía firmemente tener el control absoluto sin conocer siquiera su significado. Tal vez no era necesario que tuviera uno, tal vez era solamente el reflejo de su propia vida desfigurándose en el correr de un arroyo cristalino y brillante que iba a parar a donde van las almas delicadas y hechas para flotar. Ahí donde los demás solo ven tierra y rocas sólidas él siempre vio arena escurriéndose entre los puños apretados de aquellos que se aferraban a lo inevitable. Su meta era clara: encontrar de nuevo ese destello que por acumulación de vacío había dejado de ver entre las siluetas manchadas que flotaban en el inmenso océano de su propia soledad. Así que abrochó su traje, llenó sus pulmones de aire, abrió la puerta y se dejó caer para hundirse en el vacío hasta siempre. 

jueves, 26 de enero de 2017

Prometheus

Poco a poco el cielo se fue despegando de las montañas y algunos rayos de Sol comenzaron a filtrarse entre el manto de nubes que envolvía la mañana. Iba con un destino marcado en el mapa pero mientras miraba por la ventana del bus toda ruta parecía desvanecerse como tinta escurriéndose entre un papel mojado. Siempre se preguntaba cómo había llegado hasta acá. Saltaba en el tiempo y veía un inmenso meteorito que dejaba tras de sí una cola de polvo brillante coloreando la materia oscura del espacio para ir serenamente acercándose al planeta donde habría de fundirse con el resto de elementos y así dar origen dentro de millones de años a esta especie de colonos tan desligados pero tan dependientes de este nuevo planeta. Al final no importaba qué camino fijara ni qué rumbo tomara, sus descendientes saldrían despedidos de nuevo al inmenso espacio no en una nave espacial, como la cándida mente de muchos soñadores quería creerlo, sino en un nuevo trozo de roca como recuerdo del que alguna vez fue el desafortunado planeta en el que tuvimos que aterrizar.

sábado, 14 de enero de 2017

Lost Highway

Atrapado en la mitad de lo que alguien llamó la entrada hacia algún lugar, ahí estaba amordazado con esa vieja grabadora chorreando esa inmunda música atemporal que tanto detestó y habría de detestar siempre y cuando al espacio tiempo no le diera por doblarse de nuevo para escupirlo en otro lugar del cual denigrar por generaciones enteras. Estaba ya cansado y aburrido de quejarse de las mismas cosas que nunca habrían de cambiar. Pensó en las hormigas, en lo organizadas que eran trabajando en comunidad y sobretodo en lo respetuosas que eran con su orden jerárquico. Esa era la maldita diferencia entre ellas y nosotros: ellas pensaban desde ahora hacia el futuro y nosotros desde el futuro y atrapados en él. Una ilusión, es todo lo que era. Siempre estuvimos encerrados en una ilusión colorida y esperanzadora cuando lo único que siempre hubo fue piedras y recuerdos en el rojo y árido desierto de un recuerdo perenne.

lunes, 23 de mayo de 2016

ELASTICA

Encontrarse a sí mismo a través de la música era el mayor placer del que podía disfrutar aún siendo todo un absoluto mierdero a su alrededor. Tras cada canción había una historia real o imaginaria que ayudaba a que el "infinito abanico de posibilidades" del que hablaban los ilustrados en temas de superación personal apareciera y se abriera como la cola de un pavo real para llenar de color y brillo la tenue realidad de la que apenas pendía. Dentro de ese "abanico" cabía también la posibilidad de que en algún lugar estuviera él mismo oyendo la canción siguiente de la lista sin aún descubrirla en este momento. La sola idea de que hubiera un reflejo suyo que hubiera ya cobrado vida hacía mucho tiempo le llenaba la cabeza de ilusiones pues al fin de cuentas nunca podría desprenderse de quién era o será en el amplio pentagrama de melodías que solo flotaban por ahí buscando frecuencias de onda para dispararse hacía muy adentro de la cabeza de alguien lo suficientemente somnoliento como para dejarlas entrar sin oponer ninguna resistencia.

lunes, 15 de febrero de 2016

Sharp

Esta vez no había a dónde huir. El camino había llegado a una glorieta de la que no era sencillo escapar a menos que redujera la velocidad. Recordó que el pedal del embrague estaba aún averiado desde las últimas vacaciones pero haberlo arreglado en ese momento habría significado el fin del viaje. Decidió seguir adelante a toda velocidad hasta donde la muerte no pudiera extender sus garras y por un buen tiempo pudo mantenerse a distancia pero entonces llegó la maldita glorieta para recordarle que nunca había escapatoria y que por mucho que quisiera alejarse de su destino este siempre lo alcanzaría haciendo de su fugaz recorrido una tragedia que comenzaba justo ahí donde él creía que ya terminaba. Soltó su cinturón de seguridad y se dejó llevar por la curva hasta que ambos desaparecieron irremediablemente.

martes, 16 de junio de 2015

Not guilty

Si su orgullo pudiera haberse materializado, habría podido cargarlo en uno de sus bolsillos sin ningún problema. Incluso habría podido perderse en uno de ellos y refundirse entre las motas de tela negra de su jean. Pero lo aterrador del asunto no era este dato; sí lo era, en cambio, la repentina materialización de su Culpa desde hacía años y su posterior huída. Después de tantos años de respetable convivencia, de justas palabras y de canciones desgarradoras, ella se había ido sin dejar ni una maldita nota sobre la cama. Las cobijas aún estaban revueltas cuando llegó a casa después de enfrentar las latas calientes de millones de carros que recubrían la ciudad. No fue por el silencio, no fue por el olor, tampoco fue por el dolor. Simplemente tuvo la sensación de haber recibido un patadón en su hígado y luego, como una epifanía llegó la frase: era libre. Lo primero que hizo fue sentarse en el sanitario y liberar toda la tensión que había acumulado desde que sonó la alarma del reloj despertador esa mañana. Pudo alzar la mirada y descubrir en el espejo el reflejo de su decrépito cuerpo arqueado expulsando el dolor hecho mierda. No podía oler de otra manera, le era tan familiar que quiso sentirse avergonzado, pero entonces se dio cuenta de que ella también se había llevado ese sentimiento tras de sí. La noche cayó y las estrellas intentaron brillar un rato antes de que una gran nube oscura las obstruyera para hacer aún más melancólico ese instante. Quiso encender su equipo de sonido pero para ello necesitaba una canción, una simple canción que en 3:30 minutos resumiera todo lo que estaba sintiendo. Repasó mentalmente el listado de opciones pero no pudo detenerse en ninguna. Una idea lo invadió: era un puto emo. Todas las canciones, sin excepción, no eran otra cosa que historias de fracasos, dolores entrañables y jaquecas que se aireaban en las calles grises de una ciudad sacada de una novela gráfica dibujada por el hijo de Beth Gibbons e Ian Curtis a tinta china negra, muy negra. Tanto tiempo invertido en cuidarla, consentirla, mimarla, soportarla, amarla y al final de cuentas estaba en el mismo punto de partida en solitario y sin ella. Había logrado separarla de su soledad y ahora hacía una nueva vida lejos de ahí para dejarlo hundido en recuerdos insoportablemente alegres.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Hands up...

Aferrado a este arbusto evadiendo la caída libre que ni con un paracaídas podría amortiguar. Escapando del dolor por la sangre derramada y los huesos fracturados contra la roca áspera y filosa. Suspendido plácidamente se preguntaba una y otra vez qué verían sus ojos si se reventaran contra el suelo de una sola vez ¿Habría algo más que alivio del otro lado? No podría saberlo si no aflojaba sus dedos y dejaba escurrir su cuerpo por la pendiente. Tal vez el viento fuera tan fuerte como para ayudarlo a planear y descender progresivamente sin hacerse mayor daño. No. No en este planeta regido por claras y contundentes leyes gravitacionales de las que no podía escapar. Solo del tiempo podía hacerlo, escabulléndose como mercurio entre rejillas de acero para traspasarlas y volverse a unir del otro lado como un nuevo ser. Pero el deseo puro y concreto que rebosaba en su interior no era el de salir intacto de esta situación, por el contrario, solo quería romperse en mil pedazos para que el viento arrastrara sus restos tan alto en el cielo que ni la lluvia misma los pudiera hacer descender de nuevo. Pero para poderse perder en el firmamento antes debía encontrarse y para esto, no tenía otra alternativa que seguir aferrado a este arbusto hasta que alguno de los dos se rindiera ante tanta persistencia.