La misma ventana, el mismo
olor a tabaco, el mismo ruido en el parque allá abajo, los mismo ebrios
llenándose de razones para intoxicarse y olvidarse un rato de dónde venían y
borrar de su cabeza toda idea de hacia dónde debían ir. A veces se apiadaba de
ellos, a veces recordaba cuando él también lo había hecho pero últimamente nada
le ayudaba a huir más que esa profunda idea que se había incrustado en su
cabeza desde hacía unos pocos meses. El sentido que había moldeado a su
conveniencia ya no parecía satisfacerlo, solo había una profunda zanja
rodeándolo una vez más tal como la había presentido varios años antes. Sintió
que estaba en el punto de partida desde el que había comenzado a creer para
llenarse de valor y decidirse a vivir una vida que solo podía disfrutarse a
través de un espejo que él mismo había ensamblado con pedazos rotos de vidrio
que había ido recogiendo desde muy joven. Los años pasaron y siempre pudo atravesarlos
no sin salir con algunas heridas, unas más profundas que las otras pero al fin
de cuentas marcas que deformaron su carácter y esencia innata. La música nunca
sonó igual y siempre trajo con ella un olor a placer que lo llenaba de razones
para seguir en pie sin resbalarse. Nick Cave sonaba esa noche allí, su reflejo
en la misma ventana, con el mismo olor a tabaco y el mismo ruido en el parque
allá abajo que comenzaba a disiparse con el despejar del cielo nocturno sobre
esa urbe hecha de ladrillo y pegamento fósil. Vida pegada con muerte, ideas
sostenidas con sueños que tal vez jamás se cumplirían. Jubelee Street comenzaba
a cobrar sentido ahora en ese lugar recurrente y se hacía cada vez más
desconocido a pesar de habitarlo desde hacía meses. Las ideas tomaban ya formas
desconocidas y la zanja se iba inundando a medida que el álbum se desenvolvía
por sí mismo. Creer en el amor, en los días luminosos, en el calor de un lugar
seguro lo había llevado hasta donde estaba una vez más pero ahora estaba solo a
pesar de siempre estar cerca de aquellos que no podían ignorar su presencia. La
soledad lo había seducido y ahora lo apretaba del cuello haciéndolo escupir
humo de tabaco quemado contra la ventana, la misma en la que podía ver el
reflejo de aquello que había construido para sí mismo y de lo que jamás podría
escapar enmarcándolo y definiéndolo en un único plano.
martes, 10 de octubre de 2017
sábado, 30 de septiembre de 2017
SKIPPING
Trató de recordar su vida antes de reencontrarse
frente a frente con su destello pero las imágenes eran vagas, carmesí y profundamente
dolorosas. Por alguna razón la soledad terminó convirtiéndose en su verdugo;
esa misma soledad que tanto se jactaba de haber logrado conquistar con tanto
esfuerzo y dedicación durante décadas y que trajo el tan anhelado silencio que
empañaba las ventanas de su habitación desde el preciso momento en que la luz
de los días asomaba entre las rendijas de su puerta. De alguna extraña manera
traía a sus oídos el vibrante sonido de la libertad inmediata, rápida y fugaz
pero vacía y cambiante con cada anochecer. Moldeó toda una intención y un
discurso a su alrededor tan solo para huir de esa vida que ya extrañaba y que
siempre quiso pilotear. Abrochado el cinturón y con el pedal del acelerador a
fondo chocó contra las inmensas olas de agua salada que lo mantuvieron siempre
a flote y desde las que podía ver la pequeña vida de los parásitos que
fornicaban allá abajo como manchas de heroína en la cuchara calentándose;
partículas que se encontraban, luchaban y finalmente terminaban mezclándose
para adentrarse entre los suspiros de placer de almas inocentes buscando darle
muerte a la propia vida. Del otro lado siempre estaba la misma playa de aquel
sueño recurrente por el que comenzaba a moverse y del que creía firmemente
tener el control absoluto sin conocer siquiera su significado. Tal vez no era
necesario que tuviera uno, tal vez era solamente el reflejo de su propia vida
desfigurándose en el correr de un arroyo cristalino y brillante que iba a parar
a donde van las almas delicadas y hechas para flotar. Ahí donde los demás solo
ven tierra y rocas sólidas él siempre vio arena escurriéndose entre los puños
apretados de aquellos que se aferraban a lo inevitable. Su meta era clara: encontrar
de nuevo ese destello que por acumulación de vacío había dejado de ver entre
las siluetas manchadas que flotaban en el inmenso océano de su propia soledad.
Así que abrochó su traje, llenó sus pulmones de aire, abrió la puerta y se dejó
caer para hundirse en el vacío hasta siempre.
jueves, 26 de enero de 2017
Prometheus
Poco a poco el cielo se fue despegando de las montañas y algunos rayos de Sol comenzaron a filtrarse entre el manto de nubes que envolvía la mañana. Iba con un destino marcado en el mapa pero mientras miraba por la ventana del bus toda ruta parecía desvanecerse como tinta escurriéndose entre un papel mojado. Siempre se preguntaba cómo había llegado hasta acá. Saltaba en el tiempo y veía un inmenso meteorito que dejaba tras de sí una cola de polvo brillante coloreando la materia oscura del espacio para ir serenamente acercándose al planeta donde habría de fundirse con el resto de elementos y así dar origen dentro de millones de años a esta especie de colonos tan desligados pero tan dependientes de este nuevo planeta. Al final no importaba qué camino fijara ni qué rumbo tomara, sus descendientes saldrían despedidos de nuevo al inmenso espacio no en una nave espacial, como la cándida mente de muchos soñadores quería creerlo, sino en un nuevo trozo de roca como recuerdo del que alguna vez fue el desafortunado planeta en el que tuvimos que aterrizar.
sábado, 14 de enero de 2017
Lost Highway
Atrapado en la mitad de lo que alguien llamó la entrada hacia algún lugar, ahí estaba amordazado con esa vieja grabadora chorreando esa inmunda música atemporal que tanto detestó y habría de detestar siempre y cuando al espacio tiempo no le diera por doblarse de nuevo para escupirlo en otro lugar del cual denigrar por generaciones enteras. Estaba ya cansado y aburrido de quejarse de las mismas cosas que nunca habrían de cambiar. Pensó en las hormigas, en lo organizadas que eran trabajando en comunidad y sobretodo en lo respetuosas que eran con su orden jerárquico. Esa era la maldita diferencia entre ellas y nosotros: ellas pensaban desde ahora hacia el futuro y nosotros desde el futuro y atrapados en él. Una ilusión, es todo lo que era. Siempre estuvimos encerrados en una ilusión colorida y esperanzadora cuando lo único que siempre hubo fue piedras y recuerdos en el rojo y árido desierto de un recuerdo perenne.
lunes, 23 de mayo de 2016
ELASTICA
Encontrarse a sí mismo a través de la música era el mayor placer del que podía disfrutar aún siendo todo un absoluto mierdero a su alrededor. Tras cada canción había una historia real o imaginaria que ayudaba a que el "infinito abanico de posibilidades" del que hablaban los ilustrados en temas de superación personal apareciera y se abriera como la cola de un pavo real para llenar de color y brillo la tenue realidad de la que apenas pendía. Dentro de ese "abanico" cabía también la posibilidad de que en algún lugar estuviera él mismo oyendo la canción siguiente de la lista sin aún descubrirla en este momento. La sola idea de que hubiera un reflejo suyo que hubiera ya cobrado vida hacía mucho tiempo le llenaba la cabeza de ilusiones pues al fin de cuentas nunca podría desprenderse de quién era o será en el amplio pentagrama de melodías que solo flotaban por ahí buscando frecuencias de onda para dispararse hacía muy adentro de la cabeza de alguien lo suficientemente somnoliento como para dejarlas entrar sin oponer ninguna resistencia.
lunes, 15 de febrero de 2016
Sharp
Esta vez no había a dónde huir. El camino había llegado a una glorieta de la que no era sencillo escapar a menos que redujera la velocidad. Recordó que el pedal del embrague estaba aún averiado desde las últimas vacaciones pero haberlo arreglado en ese momento habría significado el fin del viaje. Decidió seguir adelante a toda velocidad hasta donde la muerte no pudiera extender sus garras y por un buen tiempo pudo mantenerse a distancia pero entonces llegó la maldita glorieta para recordarle que nunca había escapatoria y que por mucho que quisiera alejarse de su destino este siempre lo alcanzaría haciendo de su fugaz recorrido una tragedia que comenzaba justo ahí donde él creía que ya terminaba. Soltó su cinturón de seguridad y se dejó llevar por la curva hasta que ambos desaparecieron irremediablemente.
martes, 16 de junio de 2015
Not guilty
Si su orgullo pudiera haberse
materializado, habría podido cargarlo en uno de sus bolsillos sin ningún
problema. Incluso habría podido perderse en uno de ellos y refundirse entre las
motas de tela negra de su jean. Pero lo aterrador del asunto no era este dato;
sí lo era, en cambio, la repentina materialización de su Culpa desde hacía años
y su posterior huída. Después de tantos años de respetable convivencia, de
justas palabras y de canciones desgarradoras, ella se había ido sin dejar ni
una maldita nota sobre la cama. Las cobijas aún estaban revueltas cuando llegó
a casa después de enfrentar las latas calientes de millones de carros que
recubrían la ciudad. No fue por el silencio, no fue por el olor, tampoco fue
por el dolor. Simplemente tuvo la sensación de haber recibido un patadón en su
hígado y luego, como una epifanía llegó la frase: era libre. Lo primero que
hizo fue sentarse en el sanitario y liberar toda la tensión que había acumulado
desde que sonó la alarma del reloj despertador esa mañana. Pudo alzar la mirada
y descubrir en el espejo el reflejo de su decrépito cuerpo arqueado expulsando
el dolor hecho mierda. No podía oler de otra manera, le era tan familiar que
quiso sentirse avergonzado, pero entonces se dio cuenta de que ella también se
había llevado ese sentimiento tras de sí. La noche cayó y las estrellas
intentaron brillar un rato antes de que una gran nube oscura las obstruyera
para hacer aún más melancólico ese instante. Quiso encender su equipo de sonido
pero para ello necesitaba una canción, una simple canción que en 3:30 minutos
resumiera todo lo que estaba sintiendo. Repasó mentalmente el listado de
opciones pero no pudo detenerse en ninguna. Una idea lo invadió: era un puto
emo. Todas las canciones, sin excepción, no eran otra cosa que historias de
fracasos, dolores entrañables y jaquecas que se aireaban en las calles grises
de una ciudad sacada de una novela gráfica dibujada por el hijo de Beth Gibbons
e Ian Curtis a tinta china negra, muy negra. Tanto tiempo invertido en
cuidarla, consentirla, mimarla, soportarla, amarla y al final de cuentas estaba
en el mismo punto de partida en solitario y sin ella. Había logrado separarla
de su soledad y ahora hacía una nueva vida lejos de ahí para dejarlo hundido en
recuerdos insoportablemente alegres.
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