domingo, 8 de junio de 2025

Ashes to ashes

El primer consejo para no sobresentir es escribir en tercera persona. Creada ya la distancia entre usted y su nuevo personaje, el siguiente movimiento es traer escenarios donde este se haya sentido muy feliz cantando, despelucándose y tocando air guitar. Ahora, a darle buen ritmo al relato para que se le haga un digno homenaje al rolón que sonó. Pedal hasta el fondo y es en este punto que no se debe parar de escribir en cualquier dirección: hacia adelante, hacia atrás y sobretodo encima de lo ya escrito insistentemente hasta que la palabra resuene como si fuera consciente de su propia existencia. El alivio ya debería de estarse manifestando de alguna manera en el cuerpo en forma de una ligera satisfacción que va a ir filtrando pensamientos y recuerdos para irlos montando en una maravillosa linea de tiempo. Ahora sí, a perderse en el tiempo y a jugar con él expandiéndolo y contrayéndolo, moldeándolo y derramándolo para recogerlo y volverlo a revivir una y otra vez hasta que cobre el valor que se merece y corra hacia donde él lo decida. Aquí, ya en ese punto de lucidez, hay que guardar una chispa; solo una muy pequeña, suficiente para incendiar y convertir en cenizas todo este esfuerzo y así volver a comenzar cuantas veces sea necesario hasta que el sobresentir se convierta en pulsación y la angustia en poder de creación.

domingo, 11 de mayo de 2025

Primero lo primero

Una obra magnánima, inolvidable, de dos a tres tomos. Pero primero, un cigarro en el balcón con el Sol de la mañana cayendo sobre esa horrible sinagoga.

Listo. Ahora sí: Una obra magnánima, inolvidable, de dos a tres tomos impresos en papel que no raspe entre sus hojas porque le puede destemplar los dientes a los lectores más sensibles, que seguro serán millones al rededor del mundo. Pero primero, un café bien cargado producto 100% colombiano certificado por la Federación Colombiana de Cafeteros.

Listo! Ahora sí: Una obra magnánima, inolvidable, de dos a tres tomos impresos en papel que no raspe entre sus hojas porque le puede destemplar los dientes a los lectores más sensibles, que seguro serán millones al rededor del mundo, con ilustraciones inspiradas en artistas como Moebius y Doré. Pero primero, una sentadita en el trono y luego una buena ducha.

Listo. Ahora sí: Una obra magnánima, inolvidable, de dos a tres tomos impresos en papel que no raspe entre sus hojas porque le puede destemplar los dientes a los lectores más sensibles, que seguro serán millones al rededor del mundo, con ilustraciones inspiradas en artistas como Moebius y Doré, que además tenga notas al pie con referencias musicales que sirvieron para inspirar cada capítulo. Pero primero, otro café bien cargado producto 100% colombiano certificado por la Federación Colombiana de Cafeteros.

Listo! Qué embale! Ahora sí: Una obra magnánima, inolvidable, de dos a tres tomos impresos en papel que no raspe entre sus hojas porque le puede destemplar los dientes a los lectores más sensibles, que seguro serán millones al rededor del mundo, con ilustraciones inspiradas en artistas como Moebius y Doré, que además tenga notas al pie con referencias musicales que sirvieron para inspirar cada capítulo y al comienzo de cada de cada uno de ellos, una página en Pop Up que defina el título del mismo. Pero primero, un episodio de Los Soprano porque le entré tardísimo a la serie.

Listo. Nunca puedo pasar del segundo capítulo. Ahora sí: Una obra magnánima, inolvidable, de dos a tres tomos impresos en papel que no raspe entre sus hojas porque le puede destemplar los dientes a los lectores más sensibles, que seguro serán millones al rededor del mundo, con ilustraciones inspiradas en artistas como Moebius y Doré, que además tenga notas al pie con referencias musicales que sirvieron para inspirar cada capítulo y al comienzo de cada uno de ellos, una página en Pop Up que defina el título del mismo pero sin spoilear qué va a pasar porque si no a nadie le va a interesar leer ningún capítulo si ya ven lo que va a pasar al comienzo de cada uno de ellos en una página en Pop Up que defina el título incluso si tiene notas al pie con referencias musicales que sirvieron para inspirar cada capítulo y sin importar si tienen ilustraciones inspiradas en artistas como Moebius y Doré ni muchísimo menos si el papel de sus hojas no raspa para evitar destemplarle los dientes a los millones de lectores sensibles asegurados al rededor del mundo que le entren a leerse los dos y hasta tres tomos impresos de esta obra inolvidable y magnánima que ya no comienza de ninguna manera porque acabo de decidir que mejor le voy a dar una penúltima oportunidad a Los Soprano. Pero primero, un cigarro en el balcón con el Sol de la tarde cayendo sobre esa horrible sinagoga.

León Benavente - "NADA"



sábado, 26 de abril de 2025

AKTA

"Akta: en polaco y otros idiomas es una palabra que puede referirse a un "dossier" o "archivo" de documentos que contiene información sobre una persona o un asunto en particular.

En el contexto de la cromatografía líquida, "Akta" se refiere a un sistema de purificación automatizado para proteínas, péptidos, ácidos nucleicos y otras biomoléculas."


Anoche asistí a un concierto difícil de olvidar. En él había cigarras y orugas con armazones de plata y oro que tocaban instrumentos de viento y percusión en un lugar perdido entre los muros del espacio y del tiempo. Su música tenía un sabor a medio oriente, muy antigua pero a la vez sofisticada y vanguardista. Las voces, una masculina y otra femenina, se turnaban en perfecta coreografía para seducirme bajo la tenue luz de este lugar impregnado de colores ocre y terracota al que llegué de la única manera en la que pude: a través de una extensa manguera de respiración por la que me elevé como si me descolgara a la inversa sobre los rieles de una gran montaña rusa. Luego entendí que esta “manguera” no era otra cosa diferente a un agujero de gusano.

La música no solo sonaba sino que brillaba y las texturas y los sonidos orgánicos y mecánicos me fueron abrazando hasta impregnar cada célula de mi cuerpo que se contrajo en un espasmódico baile que pronto se convirtió en un profundo trance del que no quería salir. Me sentía pleno y satisfecho mientras estos sonidos tan antiguos como las primeras estrellas me sacudían recordándome lo afortunado que era por poder experimentar a través de cada uno de mis viejos y de mis nuevos sentidos todo lo que estaba y alguna vez había sentido. Gratitud. Confianza. Inspiración. Amor. Y por supuesto, la nueva palabra que se formó mientras estaba suspendido por los aires como Yuri Gagarin y un antiguo astronauta: Respeto.

La música se fue transformando y en su camino fue recogiendo desde cada rincón a todos los seres que estaban ahí conmigo, alzándolos en una infinita columna que se erigió como una torre de hormigas que luchan por alcanzar el firmamento. Vi sus caras, sus expresiones impávidas y sus ojos negros de color negro profundo que se alzaban por los aires atravesando mantos de nubes y la gruesa capa de ozono azul claro hasta llegar al profundo vacío en el que se esparcieron hasta fundirse con él. Yo no quise seguirlos. No esta vez. Decidí flotar un rato más y volver a la tranquilidad del azul. Poco a poco retomé una vieja postura en la que mi columna vertebral encontró alivio; abrí las palmas de mis manos y las extendí hacia el universo dándole las gracias por tanto. Vi a mi hija y le envié todo mi amor. También la vi a ella, mi vieja copiloto estelar, y le pedí perdón antes de soltarla y despedirme para siempre deseándole todo lo mejor. Respiré 3 veces y un perfume de plantas y flores frescas me mojó las manos para recordarme que era momento de volver. La música fue desvaneciéndose y una última ráfaga de luz azul claro me iluminó por dentro antes de abrir los ojos para encontrarme nuevamente en la oscuridad de esta habitación donde todo comenzó.




lunes, 24 de marzo de 2025

LUNA ROJA

Mirarse sin los ojos, escucharse sin los oídos, abrazarse sin los brazos, acariciarse sin la suavidad de las manos, dormirse sin despedirse, soñarse sin poder soñar, despertar sin saludarse, irse sin dar un beso, estar estando lejos, muy lejos. El tiempo había pasado tan rápido como un tren de alta velocidad y ellos simplemente no habían alcanzado a subirse al mismo vagón. Las idealizaciones y fantasías se habían diluido como burbujas de jabón en un parque de diversiones gigantesco en el que ya no se divertían. Solo reproches, culpas y varias imágenes borrosas era lo que quedaba de este sueño que tuvieron en esa habitación de hotel con vista a una piscina y un bar. El disco no giraba, las canciones no recordaban ya nada y lo que alguna vez fue, simplemente ya había dejado de serlo mientras las falanges de sus manos se agarraban obstinadamente por miedo a irse directo al vacío sin ningún bonito recuerdo más que el que se empeñaban en mantener vivo como tizón con fuego en la era de piedra. Era ya demasiado tarde, la noche se había hecho eterna y nada los volvería a poner a salvo de un mundo resquebrajado por caminos que jamás llegarían a ser recorridos. Así que sin más, sus huellas fueron borradas por la luz de la luna roja que se alzó por última vez para soltarlos y dejarlos respirar.

jueves, 10 de agosto de 2023

Latte pero no late.

Su mirada de rabia se fue diluyendo y pasando intencionalmente del desconcierto a la decepción mientras se sorbía su horrible bebida. Dio un último sorbo y se paró de la mesa como solo lo saben hacer los pasivo agresivos. Me dio una última escaneada de arriba a abajo y dejó escapar lo que me pareció una diminuta sonrisa llena de intencional y forzada lástima para luego alejarse con su ridícula gorra del Demonio de Tazmania (AKA “Taz”). ¿Quién putas querría usar una gorra de “Taz” en pleno 2023 sino un idiota que aún quiere hacer alarde de su aún más idiota apodo de preadolescente noventero? Me sentí estafado por los prejuicios que tenía sobre mis propios prejuicios y por haber creído que alguien así podía ser una buena persona. Nadie es bueno, todos somos malos y por naturaleza vivimos cagados de miedo, es por eso que todos somos malos. A mí lo que pasa es que la gente como “Taz” me hace volverme más malo y por eso cuando lo vi doblar hacia el pasillo donde quedan los baños tuve una epifanía y supe que finalmente el momento había llegado. Esta vez no lo dejé escapar como tantas otras veces hundiéndome entre mis tics, mis dudas o angustias y miedos. Esta vez tomé impulso al tiempo que me sorbí el último cuncho de café puro 100% colombiano producto nacional repleto de cafeína y de hiperrealidad. Pagué mi café real y el del insípido ese. Aparte de todo había tenido que invitarlo a esta cafetería que tanto odiaba por ser una de las que vendía más caro el café a son de conservar una imagen machacada por esnobismos recalcitrantes de hacía décadas y un logo hediondo que todo el mundo relacionaba con tercermundismo, bigotes, pobreza y narcotráfico. Pagué. Débito ahorros. Nunca cargo efectivo por miedo a morir atracado por chiquillos con gorra de algún personaje de Looney Tunes. Bien, todo empezaba a pegar. No guardé el recibo de pago, nunca lo guardo pero siempre espero a que me lo entreguen así se demore lo que se tenga que demorar. Es lo mínimo que pueden hacer después de todo este despropósito. Miré hacia el pasillo de los baños y como nadie salió ni entró entonces fui yo hacia él. De alguna manera es cierto lo que tantos directores de cine han tratado de contar a través de sus planos y, personalmente, sí sentí el cliché mientras avanzaba por el oscuro pasillo hacia la fuente de luz que emanaban los tubos de luz del techo del baño de hombres. El olor a mierda, a orín y a almizcle empezó a sentirse cada vez más fuerte. Tal vez si conservara mis amígdalas y mis adenoides todo hubiera sido distinto, no tan inmundo, no tan real. Mientras caminaba pensé en ponerme un tapabocas para aminorar el horrible olor pero al final me decidí por sentirlo todo tal cual llegando incluso a disfrutarlo. Entré al baño y cerré la puerta con seguro detrás de mí. Pensé en apagar la luz pero me arrepentí. Mucho cliché. Así como quería olerlo todo, también quería verlo todo. Era mi momento y lo quería todo. Me quité la reata que me había acompañado por 7 años sin queja alguna y la enrollé en mis manos mirando por debajo de las puertas de las cabinas sanitarias buscando donde estuvieran los zapatos tipo basquetbolista de “Taz”. No tuve que buscar mucho. Era el único que estaba cagando a esa hora. Eso le pasa por no tomar café normal con leche normal como la gente normal. Inspiré llenando mis pulmones del aire tóxico y pútrido del baño para llenarme de valor con las partículas de sus heces fecales y hacer valer el sentido de lo que debería ser una verdadera y última catarsis. Así, con los pulmones llenos de mierda y con la cabeza llena de certezas di una patada a la puerta tumbándola y encontrándome por última vez con esa mirada que minutos antes había sido tan diferente, tan controlada, tan ofensiva, tan “Taz”, y que ahora solo brillaba como la de un mísero marsupial que no había podido terminar de cagar. 

De camino a casa en mi bicicleta me costó pedalear a buen ritmo porque sentía que mis pantalones se me iban a caer. En todo caso no había manera de haber podido rescatar mi reata de entre ese montón de caca. Ella había venido a mi vida únicamente para llenar de sentido este único momento mientras las luces de los postes y de los carros me rozaban y jugaban conmigo como las luciérnagas esa vez que de niño fui a visitar a mis primos al campo y todos fuimos tan felices. No es que ahora no lo fuera, lo era pero mucho menos y el sentimiento se había venido menguando década tras década desde que cumplí 10 años. Tal vez porque en esa época no existía el café descafeinado ni la leche deslactosada ni la gente horrible que lo tomara; o tal vez porque en ese entonces uno ya sabía a qué atenerse con esa gente que usaba gorras de “Taz”, de “Piolín” o de “Bugs Bunny”. Puede que los tiempos estuvieran cambiado, que los códigos estéticos se hubieran renovado, que mis prejuicios se hubieran desactualizado y que yo me estuviera haciendo cada vez más viejo y más intolerante; no a la lactosa, claro, ni a la cafeína. A todo menos a eso. 

domingo, 23 de octubre de 2022

Namaste 🙏🏻

Me emput4 esa gente que escribe 256 líneas y 18 párrafos en publicaciones de Facebook solamente para exponer su maldito punto de vista -que a poca gente le importa y que por lo general nadie le ha pedido expresar- esperando aparte de todo que nadie les refute ni les opine lo contrario porque si no saltan como hienas a despedazarle la yugular al que se haya atrevido a opinar o a expresar su “humilde opinión” sobre un asunto que tampoco debería importarle si no es porque cayó ahí de pura carambola rebotando de un lado a otro por culpa del algoritmo que todo lo maneja en este plano -y en los demás también- y no paro de preguntarme ¿acaso esas personas no tienen una vida para desperdiciar como hacemos todos los demás?  ¿acaso no tienen gatos o perros o hámsters o iguanas para preocuparse por sus dentaduras y llevarlos a una sesión de profilaxis urgente antes de que se queden muecos? ¿acaso no tienen la claridad mental suficiente como para escribir en 2 renglones una idea o un argumento o un ataque certero que resuma todo y deje el tema concluido de una vez y para siempre? ¿acaso las ideas que van teniendo las van escribiendo así sin el filtro editorial que uno le mete a todo cada vez que se va a dormir y dura horas y horas dando vueltas en la cama con la almohada sudada de tanta pensadera dándose con ramas de ortiga en la espalda alta -media y baja- por lo que dijo hace 32 años o por lo que debió decir hace 7 o por lo que sabe que dirá -porque lleva años planeándolo- cuando sepa en qué va a terminar esa maldita situación a la que no hace más que darle vueltas y de la que ya ha sacado 73 versiones de finales alternativos? Esta gente debería migrar y armar un blog en .blogspot.com para que el algoritmo les lleve gente y para que les lleve a ese “público objetivo” o “target” que ya dejó de ser secreto que desean con todo su ego rebosante de fuentes de información y links y noticias de medios alternativos y mainstream que llevan a más lugares y que nos van hundiendo a todos en ese espiral del que hablaban los chinos antes de volverse comunistas malvados y que hasta ahora estamos descubriendo que era el mismo del que hablaban las culturas ancestrales que sobreviven en la selva sin internet ni redes sociales ni opiniones de ningún tarado que lo único que quiere es atención de alguien en el mundo virtual porque en el mundo real está solo -muy solo- y aferrado a un teclado que traduce lo que a veces no debería ni siguiera escribirse por pura decencia y respeto con los más de 315.000 años de historia desde que el homo sapiens apareció en la Tierra como descendiente de otra especie y de otra y de otra y de otra que pudo sobrevivir flotando entre algas y popó de moluscos de mar sin Facebook y sin su p*uta opinión. 

#namasteॐ

jueves, 11 de junio de 2020

I.

No podía creer que fuera ella, la misma persona que me regaló su pañoleta de seda para que me la colgara como una capa y pudiera escaparme volando muy lejos de acá. La misma que me compraba dinosaurios pequeños de todas las especies para que jugara en la cafetería de Los 3 Elefantes mientras comíamos pasteles deliciosos y nos reíamos juntos. No podía ser la misma persona, ella siempre tuvo un pelo precioso y brillante. Se vestía muy elegante, caminaba derecha y con la frente en alto. Así era ella, no como esta pobre mujer tullida en una cama con la cabeza calva, con la cara llena de angustia y dolor y con los últimos dedos de sus pies doblados y montados uno encima del anterior. Apenas la vi me cagué del susto, grité y salí corriendo de su cuarto llorando. Nunca olvidaré la última vez que vi a mi abuela Tita. Al poco tiempo murió. Cuando le preguntaba a mi abuelo qué era lo que más le gustaba de su esposa, me respondía: “Tita era menudita y bonita. Parecía una muñequita”. Mi abuelo era alto, ancho y venía de un pueblo perdido entre las montañas del salvaje Santander. Era un tipo duro y recio que todas las noches calentaba bajo el calor de la lámpara de su mesa de noche las balas de su revolver para luego meterlas en el barril y dormir con el arma bajo la almohada. Por él conocí a Hitler, a Churchil, a Hiro Hito, a Mussolini y a Charles de Gaulle. También me presentó a Don Quijote y a su escudero Sancho Panza mientras me contaba sus aventuras y me mostraba los dibujos que el gran Doré había ilustrado en dos tomos bellísimos de lomo café adornado con tejidos dorados. De mi abuelo y Doré también conocí cada una de las historias sangrientas y heróicas consignadas en la Sagrada Biblia de color rojo que sobresalía en la gran biblioteca llena de “souvenirs” que mi propio abuelo había comprado en cada uno de los países que visitó cuando fue embajador en Europa durante los años 60. Un par de veces al año le ayudaba a bajarlos todos de la gran biblioteca y los subíamos hasta el baño de su cuarto donde con ayuda de un par de cepillos de dientes y agua los limpiábamos. Recuerdo la panza redonda y las largas orejas del Buda blanco y sonriente que había comprado en China, las vigas detalladas de la Torre Eiffel de París, el endeble Arco Gateway de San Luis, el Cristo Redentor de Río parado sobre el mundo, las 3 Pirámides de Egipto metálicas, también recuerdo a Rómulo y Remo mamando leche de la loba antes de fundar Roma y sobretodo me acuerdo mucho de Don Quijote y Sancho Panza. Cada “souvenir” tenía una historia y todas me las contaba mi abuelo. “¿Qué vamos a leer hoy?”, me preguntaba mientras se tomaba la quijada pensativo repasando los cientos de libros que tenía en la biblioteca. Para mí era un momento muy emocionante pues estaba por descubrir un nuevo mundo, embarcarme en una nueva aventura y mi guía no podía ser mejor que mi Papá León. Mi abuelo se llamaba Cosme y cuando creció se puso como segundo nombre el que mejor describía su espíritu: León. De hecho, sobre su escritorio había un “souvenir” muy especial que tenía reservado este lugar en particular. Se trataba de un león de hierro que rugía exhibiendo una frondosa melena sobre su musculoso cuerpo. Junto a él me sentaba yo, sobre el escritorio de mi abuelo, para que él comenzara a narrarme las historias del libro que había seleccionado como si estuviéramos en una partida de algún juego de rol. Juntos sobrevolábamos las Ardenas hasta llegar a Berlín. De ahí íbamos directo a la batalla de Kursk donde se podían oler los tanques incinerados que pronto quedaban atrás pues seguíamos hasta las ruinas de Stalingrado, “la ciudad que cambió la historia del mundo”, me decía. De ahí volábamos hacia el sur para llegar al Mar Mediterráneo, antiguo Mar Egeo, donde se respiraba tranquilidad y la vida valía más que un puñado de hierro retorcido. Entrábamos por el Nilo hasta el antiguo Egipto donde los faraones nos daban la bienvenida a su reino dominado por un misterioso saber ancestral y finalmente hacia el oriente terminábamos el viaje en Israel, donde Moisés alzaba victorioso las tablas con los 12 mandamientos que el propio Dios le dictó entre regaños y sentimientos de culpa del poderoso líder del pueblo elegido. No pude pasar una infancia más maravillosa en esa inmensa casa de dos pisos de la que siempre tuve la firme sospecha escondía pasillos secretos con tesoros ocultos, pero por más que busqué, nunca encontré nada, sin saber aún que el mayor de todos los tesoros lo había escondido y encriptado muy bien mi abuelo en un lugar al que me costaría mucho tiempo poder llegar.