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lunes, 18 de agosto de 2025
Tte
lunes, 11 de agosto de 2025
De
lunes, 4 de agosto de 2025
Ve
Un par de días después, la encontró flotando en lo que pareció un fotograma delicadamente suspendido entre el reflejo de un espejo y el recuerdo que había atesorado en su mente recubriéndola de esa profunda luz que en adelante decidió llamar “Rojo - K”. Era ella y lo supo en el instante en que sus ojos lo atravesaron otra vez estallándole el plexo solar haciéndolo volar hacia lugares en los que nunca antes había estado. Flotó sumergiéndose en la espesura de la turbia oscuridad y pudo sentir cómo el polvo de millones de estrellas se le metía entre la ropa para recubrir su cuerpo. La idea de ir flotando por el espacio como una paleta de chocolate dorado le pareció tan seductora como épica, por lo que se entregó de lleno a la experiencia con la absoluta certeza de que iba a aterrizar donde debía sin ningún rasguño -o mordisco-. Así que pasadas algunas centurias –que en la Tierra no fueron más que unos pocos días- estas lo llevaron inexorablemente al encuentro de ella y pudo al fin volverla a ver en el mundo en el que ambos habían sido creados. Se acercó caminando y era todo lo que recordaba y mucho más. Sus colores, sus contrastes, toda su manera y su clase, fueron suficiente para que ya no quisiera irse más. La miró a los ojos y la reconoció quedando completamente imantado a ella, pero justo cuando quiso decirlo todo, el tiempo se detuvo y de ella solo quedó una fotografía enmarcada bajo el destello de una luz en forma de sístole y diástole.
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lunes, 28 de julio de 2025
Be
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domingo, 6 de julio de 2025
Changes
Pero él no iba a ser una leyenda ni iba a perder ninguna falange ni mucho menos a dejar nada muy relevante aparte de confusión en su camino. Así que tomó una ducha y se sentó a escribir no sin antes vestirse, más por pudor a ser visto por su vecina del piso de abajo que lo espiaba en secreto y que juraba no haber sido todavía descubierta, que por cualquier otra cosa. Tecleó un par de ideas iniciales y se entregó al latir del tiempo para terminar de perder el resto del día.
jueves, 12 de junio de 2025
Jóga
Tras el resbalón, no hubo de otra más que jalar con fuerza el freno de mano para no salir volando por entre el parabrisas y terminar rebotando como tantas otras veces contra el pavimento. Esta vez no hubo canción de Bowie ni ningún tributo a Lynch sobre la carretera. Tres –o cuatro- espadines con sus respectivas chelas y unos torpes pasos de rocksteady fueron suficientes para desorganizar la secuencia que había ido armando con tanta delicadeza con el material que le cayó encima como un baldado de agua fresca apenas para combatir el fuerte calor del verano chilango. Habían sido meses tan complejos que le hicieron olvidar la concepción del tiempo tal y como la había conocido desde que tuvo uso de razón. No hubo magnitud física, ni duración, ni tampoco separación, solo acontecimientos que brotaban como eructos de lava espesa de un cráter aleatorio borrando todo lo que tocaba. Lo justo sería que algún día, como ocurrió después de un buen tiempo en la bella nación de Björk, de esa costra de lava petrificada surgiera un nuevo paisaje lleno de verdes y frescas praderas sobre las que pastaran familias de suaves ovejas entre los filos de las colinas dibujadas por rocas que cumplieran también con la doble función de ser recipiente y conducto de cristalinos manantiales por los que corriera agua pura que llenara de vida este nuevo planeta lleno de esperanza. Pero por ahora, solo había ceniza incandescente, cadáveres de pájaros intoxicados por el suelo y mucho, mucho calor. Así que se atavió con la ropa y los accesorios con los que siempre se había imaginado que iba a enfrentarse al postapocalipsis. Era justo esto para lo que se había estado preparando durante tanto tiempo de la mano de Wells, Huxley, Bradbury, Asimov y K. Dick. Metrópolis, Gattaca, Blade Runner, Los hijos del hombre, Elysium, El planeta de los simios, Akira y por supuesto Mad Max, solo habían sido un entrenamiento y ahora estaba listo para lo que se venía. Ni el calcinante Sol, ni las ruinas de cada imperio caído, ni los huesos de sus falsos ídolos lo harían dudar ni por un segundo de su nueva misión. Estaba tan clara que no tuvo que respirar tres veces. Tenía el foco tan afinado sobre lo que debía hacer que la última vez que meditó sobre un cojín sería suficiente para tener la certeza y claridad de lo que hoy debía hacer para sobrevivir y mantener toda su fuerza en una única dirección. Alzó la mirada entre sus lentes polarizados, abrió sus brazos para abrazar la totalidad del espacio que se abría en frente suyo y justo antes de echar a andar, una afilada imagen le atravesó de nuevo el pecho: era ese beso; ese único y delicioso beso que lo acompañaría por toda la eternidad y de cuyo recuerdo jamás podría librarse, ya más para bien que para mal.
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