viernes, 28 de diciembre de 2012

RED SEASON

Estos son los buenos momentos, llenos de dulzura y cosquilleo pectoral cada vez que sus cuerpos se acercan y sus miradas se cruzan por fracciones de segundo. Fue inevitable no dejar aflorar todas esas palabras que por tanto tiempo permanecieron inconexas adornando las imágenes que se sucedían como idealizaciones de momentos aún irreales. El pasado comenzaba a borrarse de una vez por todas para empezar desde cero al son de una bien definida banda sonora. La primera vez que la vi, supe tan solo por un instante que iba a estar irremediablemente junto a ella; el color rojo de su vestido parecía vibrar con los rayos del sol que sobre él caían haciéndola sobresalir del frío corredor grisáceo por el que con tanta propiedad andaba dejando una estela de luz de vida. Sus ojos brillaban con intensidad y desde lo lejos parecieron hundirse sobre mí por un momento tan corto que todo alrededor perdió su bien definida concepción temporal. Al cabo de un rato estuvimos tan cerca el uno del otro, aún sin conocernos, aún sin cruzar palabra, que tan solo con oír su voz a la distancia pude disfrutar de ese corto momento en que sus rojos labios sonrieron y entonces no hubo más remedio que llevármela a donde nadie pudiera separarnos. Ahora comencé a dejar de imaginarla, basta con recordar esos buenos momentos que juntos compartimos en medio del torbellino arrasador de un pasado que comienza a desvanecerse para recordarnos de qué estamos hechos. En las noches tomo su mano, escucho su respiración acompasada y observo el palpitar de su cuerpo adormecido. Solo un momento, único e imperecedero es lo que necesitamos para seguir andando al son de esta banda sonora que está en constante evolución para llevarnos al único lugar al que en verdad pertenecemos. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Bright

En el universo de todas las posibilidades envueltas en un terso velo, justo acá pareciera que todo recobra el peso perdido por el desgaste de un tiempo ya desdibujado. No queda más que oír, sentir y disfrutar mientras intento moldear el tiempo para tomar de él solo esos preciosos momentos que logro retener en sueños y que me acompañan para recordarme de qué estamos hechos cada vez que cruzo mi mirada con su silueta resplandeciente y estilizada.  




sábado, 15 de septiembre de 2012

Enjoy the Silence

De donde vengo la gente tiene varias cosas en común. Una de ellas es la exuberante  fealdad que desborda sus almas. En este lugar la gente tiene varias cosas en común: un ojo desviado y esa particular manera de pronunciar la doble L como lo hacían nuestros abuelos, mejor adoctrinados bajo el régimen de la regla y el castigo humillante. Supongo que es el clima, y no el nivel de alicoramiento que en mí crece, el que me hace percibir cierto tono insinuante de índole sexual en cada chiquilla que pasa frente a mí mostrando sus muslos y carnes aún firmes apenas ocultas tras unas pocas ropas. Soy un provinciano, un extranjero en mi propio país incapaz de reconocer los códigos  que todos acá parecen manejar con tanta naturalidad y sutileza. El acento, la temperatura, la distante ciudad gélida cuyo recuerdo parece titilar como un faro que se ahoga en el horizonte de una cruda tormenta, me hace sentir como un hombre sin hogar, fuera del espacio y, hoy más que nunca, fuera del tiempo.

Un matrimonio acaba de consumarse en este lugar impregnado de sudor y despreocupación,  cuyas gentes parecen salidas de un guión de El Zorro versión 1930. Sin embargo, la noche no es pretexto para dejar de hacerme esta pregunta: ¿Cómo carajos puede alguien vestirse con traje y corbata en este clima que, muy a pesar de la mismísima noche, supera los 20 grados centígrados? Este hecho que se consolida sin miramientos ni dudas, hace que dentro de mí crezca de nuevo esta desazón que me excluye de todo lugar, de todo tiempo, aligerando el peso de un pasado que parece hundirse con el recuerdo de una ilusión siempre esquiva e hilarante que se desvanece como fina arena roja entre mis dedos.

“En el silencio, todos nos perdemos para volvernos a encontrar…”  



martes, 21 de agosto de 2012

Alatriste

- Todos amamos una vez o varias. Y un día, deja de ocurrir. Eso es todo.
- Así de fácil?
- Así de difícil

                                                                                   











Capitán Diego Alatriste

lunes, 30 de julio de 2012

Breathe

Después de todo, es una condición natural del hombre el no poder andar más que en círculos.

Era hora de intentarlo con poesía.

Aprieto el pecho para sentir algo de este corazón que parece hundirse en el vacío
Aprieto el pecho para sentir algo más que esta desazón que destruye esa frágil idea
La misma que alguna vez fue tan fuerte y bien definida
Como el tronco de aquel viejo árbol cautivo en un poema de amor otoñal
Y que tuvo que desdibujarse para cambiar de color y forma
Hoy cierro los ojos, aprieto el pecho por última vez para no dejar ir ese último recuerdo 
El único que aún conservo y que cada noche
Antes de perderme en las profundidades de este letargo mortal
He de evocar para poder dar nueva luz al día que tercamente ya comienza.

Salió cursi y hasta predecible; una aproximación de lo que puede ser y que, aún siendo ya, todavía no alcanza a serlo del todo. Una simpleza fugitiva que debe desaparecer una vez haya sido calcada de algún lugar equidistante y nocivo para cualquiera que se atreva a indagar mucho.

El precio debe ser el destierro, una maldición de la que parece no haber escapado por más distracciones que haya tenido que inventar en la marcha hacia alguna parte.

Ha errado la dirección, ha perdido el Norte, y el Sur, y el Occidente y, claro, el Oriente también. Sin más, sale ya del plano para reencontrarse fuera de él, en algún lugar que todavía no recuerda pero desde el que sin duda alguna es más fácil hoy respirar.

martes, 8 de mayo de 2012

Spore


Hacía mucho que había perdido la esperanza de que algo pudiera remediar ese terrible episodio tan hondamente grabado en sus recuerdos. Había jugado a ser Dios y el precio fue tan alto que tuvo que engullir su propia carne para poder volver a habitar ese cuerpo sin ningún sentimiento de culpa o vergüenza. Por un tiempo pareció que todo era posible, incluso alejar definitivamente los vicios que tan fieramente se agarraban de sus singulares prejuicios. El miedo, lejos de hacerlo más vulnerable, lo transformó en un desconocido que pudo albergar en algún rincón de su cuerpo ese único trauma que lo hacía ser tan humano como a cualquier otro y que, de alguna manera, aligeraba el peso al caminar evitándole tener que avanzar encorvado y sediento. Pudo ser una creencia, tal vez la única sobreviviente del paraíso en cenizas, pero lo cierto es que una única vez fue suficiente para volver a comenzar sin mirar atrás.

miércoles, 11 de abril de 2012

Search and Destroy

¿Cómo habría, pues, de adivinar el secreto de esta mujer que apenas si se atrevía a mirar a los ojos pese a haber pasado con ella las últimas horas del día? Pese a haber revivido las mismas sensaciones viscerales de un pasado lejano, le era aún imposible adquirir ese grado de iluminación y responder con firmeza sin temor a arruinar todo el trabajo y tiempo invertido durante ese frío día de comienzos de año.  El objetivo era claro, siempre lo había sido, sin embargo, había un punto en el que la historia podía, si bien, dar un giro fatal o seguir su agonizante transcurrir con la promesa del sexo casual sin más. En este punto de su existencia prefería esta última opción, sin duda, pero también era consciente de que pasara lo que pasara, nunca sería por una elección tomada a conciencia, así que no podía hacer nada más que dejárselo todo al lento transcurrir de los minutos. El hecho de haber perpetuado su estatus de “extranjero” en este país tan parecido a una de esas ilustraciones de Hansel y Gretel, pero con más yonkis y prostitutas regados por las calles, hacía que una especie de aura misteriosa y casi sensual lo rodeara atrayendo a su lado a ese tipo de mujeres por las que tan fácil, y tan rápido, perdía la cabeza. Ya para ese entonces había perdido mucho más que eso gracias a ese prototipo tan personal de “femme fatal” que durante tantos años había ido construyendo y en el que había depositado tantas expectativas a cambio de absolutamente nada. ¿Experiencias de vida? ¿aprendizajes? Nada de eso, la realidad era mucho más unidimensional y aburrida que lo que los libros de autoayuda nos mostraba, de eso estaba seguro. El discurso de “vive rápido, muere joven” ya lo tenía en su información genética, irremediablemente, así que lejos de intentar adornar con justificaciones pomposas y frases de cajón su propio vivir, se dedicó a hacer lo posible por tener sexo con esa mujer que acababa de conocer sin esforzarse en siquiera gustarle un poco. Tomó una botella a medias de cualquier trago que encontró en la sala y bebió llenando el vacío que le dejaba el seguir intentándolo. Paradójicamente, parecía que esta vez el efecto que esto causaba en ella no era el de repulsión, en absoluto. Por el contrario, encontró que ella lo miraba con interés y poco a poco, a medida que el alcohol iba invadiendo su cabeza, la imagen de mujer fatal se fue desdibujando. Al final del último trago, parecía más una niña absorta por asomarse por primera vez a la ventana de un avión y descubrir el manto de nubes que oculta el diminuto transcurrir de nuestras vidas como hijos paridos por la tierra y el placer. Estiró su pesada mano hasta la delgada pierna de ella y fue subiendo su falda para descubrir el blanco muslo oculto tras esa maya que tanto lo excitaba para ese momento de intoxicada lucidez. Ella suspiró y descansó su cabeza en el sillón viejo y roído, dejándose invadir por el creciente placer que el contacto físico iba produciendo mientras él se acercaba torpemente para seguir ratificando lo que ambos tanto deseaban ya sentir. Antes de que el sexo fuera prohibido, ya lo habían condenado con un sinnúmero de enfermedades minuciosamente ilustradas. El miedo, una vez más, fue usado por los pocos de siempre y, tal vez, de ellos mismos surgió la idea de crear la más letal de todas las armas para combatir la libertad y todo lo que de ella se desprendía para aliviar el dolor del paso del tiempo. No hubo más remedio que renunciar y dejar de buscar lo que hacía rato se había ya perdido. Ambos se despidieron y prometieron en silencio nunca más volverse a ver. Era cuestión de tiempo para reincidir y continuar con la búsqueda, después de todo, algo de humano todavía corría por sus venas. Esa noche, en esa decadente habitación, respirando bilis y alcohol, ambos lo supieron y el secreto se mantuvo a salvo por última vez.