Y si alguna vez sintió pocas
ganas de hablar con alguien y de evitar el más mínimo contacto con sus
semejantes, fue hasta el día de hoy en que ratificó esta decisión con una
solemnidad y una tranquilidad tal, que pudo oír el pulso de su corazón para saber
que todo iba a estar bien. Le parecía obsceno que hubiera tanta gente dedicada a demostrar, por encima
de todo y de todos, que tenían la razón; le parecía completamente innecesario
que unas personas anduvieran llenándose forzosamente de razones para enterrar a
las otras en fosas comunes desbordantes. Pero lo más mortificante era tener que
lidiar con tanto buitre disfrazado de sensible colibrí, pues nunca había tiempo
para agachar la cabeza antes de que asestaran su picotazo y se llevaran su
porción de carroña. Al final de cuentas, eran más los que disfrutaban vivir
entre las sobras que los que intentaban estirar el cuello para ver por encima de
la montaña de basura. Él era uno de esos, aunque en el silencio de las noches,
justo en el punto entre el sueño profundo y la cordura consciente del día a
día, se regocijaba en secreto por haber tomado alguna que otra vez parte de esa
gran porción de desechos, únicamente para saborearla y sentirse parte de su
propia especie. Aunque era extraño no pertenecer a ningún lugar, a ninguna casta,
a ningún momento, nunca se sintió más cómodo que trabajando desde las sombras
sin que nadie supiera de él. Era aún más gratificante saber que todo lo que se
ejecutaba estaba siendo dirigido, en secreto y silencio, por él mismo desde el
lugar en que mejor se reconocía. Desde allí, con toda la claridad y cordura,
dirigía su orquesta de músicos empíricos sin que ellos siquiera reconocieran las
notas que estaban ejecutando y desconocieran en su totalidad la obra de la que ya
hacían parte.
miércoles, 1 de mayo de 2013
sábado, 16 de marzo de 2013
BLUR
Todo había sido un puto dolor de
cabeza desde el momento en que decidió cruzar esa calle angosta; de haber
sabido lo que iba a pasar, simplemente hubiera encendido un cigarrillo para
convertirse en un simple espectador untado de blanco y negro. El olor a lluvia
y a tierra humedecida aún retumbaba como si se tratara de una esquirla metálica
incrustada en lo más profundo de sus sesos. No podía olvidar la mirada que ella le lanzó
justo antes de que decidiera saltar al charco para amortiguar el salto y así seguir
hacia adelante hasta el andén de enfrente. Una vez ahí, los brillos y los
mismos colores que antes no pudo siquiera disfrutar, parecían extenderse como
un lienzo virgen abierto de par en par, dispuesto a ser ultrajado de manera
violenta y sin compasión. La lluvia cubría con un terso velo la silueta de
aquellos que aún seguían a la espera de que algo extraordinario les sucediera
mientras sus ropas se mojaban y pesaban cada vez más. Algunos, incluso,
comenzaron a desparramarse por el suelo hasta convertirse en un montón de tela
mojada que en mucho se asemejaba a los desechos corporales de algún ser fantástico
de intestinos azulados y púrpuras. Entonces, cuando parecía que el cielo
finalmente iba a caer sobre las cabezas de todos quienes alguna vez pensaron en
algo semejante, ella decidió soltarse de la acera y saltar para quedar estática
y húmeda frente a él. Su vestido negro pronto comenzó a retomar sus matices rojizos
y él pudo percibir su cándido aroma de nuevo para guardárselo en lo profundo de
su pecho, cerrarlo bajo llave y conservarlo para siempre. Miró hacia arriba, y
según la tradición, sopló para dispersar la tormenta. Poco a poco el agua fue
dejando de caer y al cabo de unos minutos solo el sonido de los charcos
escurriendo por las alcantarillas fue lo único que se oyó. Una mirada, de nuevo
sus gruesas pestañas y esa leve sonrisa, fueron las señales que quiso seguir para
mantener el clima en su estado natural.
lunes, 21 de enero de 2013
NOW
Después de tanto andar, de tantas
miradas evitar, tantos murmullos escuchar y, en fin, tantas cosas evitar, el
fin del camino parecía estar ya por fin muy cerca. Nunca tuvo la prisa como
para planear alguna cosa en especial, ya muchos planes quebrados había tenido
que olvidar como para tener que volver la mirada y recoger sus restos ya
corroídos por el paso del tiempo. Si algo tuvo claro durante los últimos 13
años, fue que nunca estaría completamente feliz más que a su lado. Alguna vez
soñó con su silueta enfurecidamente roja, incandescente, llena de pura energía
vital y pasión. No tuvo que esperar ni una década más para descubrirla tras
esas paredes blancuzcas bajo las miradas de quienes querían devorársela como
hienas hambrientas que esperaban curtir sus dientes con su bella piel
ensangrentada. El paso del tiempo nunca se sintió transcurrir tan rápido, como
tantos buenos momentos oscurecidos por el eterno presente, y si alguna vez tuvo
dudas, este momento le había arrebatado mucho de lo que ingenuamente creyó haber
sido hasta ahora. Nada importó, no hubo un segundo en el que dudara de algo,
bastó con sentirla palpitante a su lado y todo recobró su caótico orden
natural. Ahora estaba seguro, muy a su pesar, de que no había ganado tiempo
intentando planear el orden en el que se debían suceder todos esos sueños
llenos de sentimientos; por el contrario, nunca se había sentido más inseguro
con el paso del tiempo y ahora que ya no pertenecía más a él, no pudo volverle
a temer.
martes, 15 de enero de 2013
WAITING...
Ya llevaba más de 14 horas ahí
sentado con el culo adormecido, esperando que algo pasara, una señal, alguna
cosa que lo sacara de ese estado de introspección en el que había caído de
nuevo a causa de una frase malintencionada. Algún día, no muy lejos del ahora,
prometió no dejarse joder por esas palabras curtidas de veneno. Se hizo fuerte
en sus ideales y reforzó la idea de no volver a repetir lo vivido en el pasado,
todo esto con el único fin de ponerle la gota agridulce a la ya amarga
existencia de la que se aferraba como un autómata. El tiempo pasado no había
sido en vano, y sin embargo, tampoco había pasado gran cosa con él. A menudo
fijaba su atención en las vidas ya vividas por otros y se asombraba de que
tuvieran tanta convicción en sus quehaceres cotidianos que poco cuidaban y
guardaban del escrutinio del otro. Tal vez de eso se trataba todo el asunto, de
entrar en un estado en el que debía publicar todo lo que llevaba dentro sin
tomarse la molestia de guardarse nada para poder ser al menos un pedazo de él,
todo con el ánimo de estar en sintonía y armonía con el resto de seres que pasaban
por todos sus frentes a gran velocidad y que ni siquiera se tomaban la molestia
de verlo a los ojos. Echó un ojo a lado y lado para asegurase de que nadie lo
observaba solo para ratificar su reciente teoría. Así, y sin más, supo que
estaba donde debía estar y que de allí no se movería a menos de que ella
regresara con su boca llena de nuevas y dulces palabras para volver a
recomenzar.viernes, 28 de diciembre de 2012
RED SEASON
Estos son los buenos momentos,
llenos de dulzura y cosquilleo pectoral cada vez que sus cuerpos se acercan y
sus miradas se cruzan por fracciones de segundo. Fue inevitable no dejar
aflorar todas esas palabras que por tanto tiempo permanecieron inconexas
adornando las imágenes que se sucedían como idealizaciones de momentos aún
irreales. El pasado comenzaba a borrarse de una vez por todas para empezar
desde cero al son de una bien definida banda sonora. La primera vez que la vi,
supe tan solo por un instante que iba a estar irremediablemente junto a ella;
el color rojo de su vestido parecía vibrar con los rayos del sol que sobre él caían
haciéndola sobresalir del frío corredor grisáceo por el que con tanta propiedad
andaba dejando una estela de luz de vida. Sus ojos brillaban con intensidad y
desde lo lejos parecieron hundirse sobre mí por un momento tan corto que todo
alrededor perdió su bien definida concepción temporal. Al cabo de un rato
estuvimos tan cerca el uno del otro, aún sin conocernos, aún sin cruzar
palabra, que tan solo con oír su voz a la distancia pude disfrutar de ese corto
momento en que sus rojos labios sonrieron y entonces no hubo más remedio que
llevármela a donde nadie pudiera separarnos. Ahora comencé a dejar de
imaginarla, basta con recordar esos buenos momentos que juntos compartimos en
medio del torbellino arrasador de un pasado que comienza a desvanecerse para
recordarnos de qué estamos hechos. En las noches tomo su mano, escucho su
respiración acompasada y observo el palpitar de su cuerpo adormecido. Solo un
momento, único e imperecedero es lo que necesitamos para seguir andando al son
de esta banda sonora que está en constante evolución para llevarnos al único
lugar al que en verdad pertenecemos.
lunes, 22 de octubre de 2012
Bright
En el universo de todas las
posibilidades envueltas en un terso velo, justo acá pareciera que todo recobra
el peso perdido por el desgaste de un tiempo ya desdibujado. No queda más que oír,
sentir y disfrutar mientras intento moldear el tiempo para tomar de él solo esos
preciosos momentos que logro retener en sueños y que me acompañan para recordarme
de qué estamos hechos cada vez que cruzo mi mirada con su silueta
resplandeciente y estilizada.
sábado, 15 de septiembre de 2012
Enjoy the Silence
De donde vengo la gente tiene
varias cosas en común. Una de ellas es la exuberante fealdad que desborda sus almas. En este lugar
la gente tiene varias cosas en común: un ojo desviado y esa particular manera
de pronunciar la doble L como lo hacían nuestros abuelos, mejor adoctrinados bajo
el régimen de la regla y el castigo humillante. Supongo que es el clima, y no
el nivel de alicoramiento que en mí crece, el que me hace percibir cierto tono
insinuante de índole sexual en cada chiquilla que pasa frente a mí mostrando
sus muslos y carnes aún firmes apenas ocultas tras unas pocas ropas. Soy un
provinciano, un extranjero en mi propio país incapaz de reconocer los
códigos que todos acá parecen manejar
con tanta naturalidad y sutileza. El acento, la temperatura, la distante ciudad
gélida cuyo recuerdo parece titilar como un faro que se ahoga en el horizonte
de una cruda tormenta, me hace sentir como un hombre sin hogar, fuera del
espacio y, hoy más que nunca, fuera del tiempo.
Un matrimonio acaba de consumarse
en este lugar impregnado de sudor y despreocupación, cuyas gentes parecen salidas de un guión de El
Zorro versión 1930. Sin embargo, la noche no es pretexto para dejar de hacerme
esta pregunta: ¿Cómo carajos puede alguien vestirse con traje y corbata en este
clima que, muy a pesar de la mismísima noche, supera los 20 grados centígrados?
Este hecho que se consolida sin miramientos ni dudas, hace que dentro de mí
crezca de nuevo esta desazón que me excluye de todo lugar, de todo tiempo,
aligerando el peso de un pasado que parece hundirse con el recuerdo de una
ilusión siempre esquiva e hilarante que se desvanece como fina arena roja entre
mis dedos.
“En el silencio, todos nos perdemos para volvernos a encontrar…”
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


