lunes, 14 de octubre de 2013

CN-

Esperar tanto habiendo perdido tan poco, ese fue el verdadero problema de todo esto. Nunca pudo darse cuenta, no hasta esa noche helada en la que pudo por fin reconocerse frente al espejo; flaco, ojeroso, abandonado y lesionado hasta el puto último hueso se dio cuenta de que ya no era el mismo de antes. Finalmente y tras mucho esfuerzo, que hasta ese momento pensó había sido en vano, se había movido hacia algún lado, no importa cuál, pero se había movido. De hecho, se había sacudido todo ese miedo y rabia con los que cargaba desde hacía ya años. El principio siempre era el mismo final y eso, de alguna manera, le molestó sobremanera pues siempre que intentaba evitarlo terminaba por caer más hondo, como un supositorio de cianuro. Bien, se amarró bien los zapatos, tomó su morral y cruzó la puerta para nunca más volver. Ya tenía una meta clara y tan solo faltaba derrotar esas 3 horas que aún tenía para transportar esos supositorios antes de que le rompieran el culo.

-     Listo Rodri?
-     Tan listo como un supositorio de cianuro metido entre el culo.

El carro de Adolfo cruzó las calles sin detenerse en ningún semáforo. Era tan tarde que ya todos estaban sincronizados en la luz amarilla y no hubo necesidad de mirar hacia ningún lado antes de adentrarse en la ciudad que parecía devorarse al viejo Reanult 9 anaranjado. Al cabo de un rato, se detuvieron frente a la antigua fábrica de cerveza ahora infestada de indigentes y vagos que adornaban el set como una secuencia infernal de The Walking Dead.

-     Espéreme acá. Si no regreso en media hora…
-     Todo bien, yo lo espero – Interrumpió Adolfo apagando el motor.

El suelo estaba húmedo aún por el torrencial aguacero de hacía unas horas. El olor a bazuco y Mustang rojo creaba una cortina de humo tras la que no se escondía más que miseria y sueños destruidos. Para evitar eso, precisamente, era que Rodrigo llevaba metidos en su culo más de 70 millones de pesos así que la molestia al caminar y el punzante dolor le importaban literalmente un culo.
Dos hampones que se esforzaron en vano en ponerse su mejor ropa para ese día se interpusieron en el camino de Rodrigo obligándolo a detenerse.

-     Y este pa’dónde cree que va? – Preguntó el más enano, que también era el más gañán.

Rodrigo no necesitó llenarse de valor pues ya le comenzaba a entrar el afán por entregar la mercancía y salir de ahí directo a San Andrés para seguir con su “plan de huída”. Así lo había bautizado desde el primer momento en que comenzó a concebirlo.

-     Voy pa’donde su gran puta madre. Quítense de ahí que vengo a ver a Freddy y voy tarde.

Cruzó por en medio de los hampones que no tuvieron otro remedio que dejarlo pasar pues antes de que cayeran en cuenta de lo que acababa de pasar, ya Rodrigo estaba sentándose frente a Freddy en una silla de cuero bien rota por todas partes.

-    Al fin llegó el culipronto! – Se burló Freddy, al tiempo que los pocos secuaces suyos que aún podían        reírse lo hicieron. El resto, estaba obnubilado por una burbuja de polvo de ladrillo quemado que no los    dejaba ni parpadear.

-     Cómo hacemos? Entrégueme la plata y le paso lo suyo – Dijo Rodrigo muy seguro.
-     Fresco, fresco mi chino, que acá no está tratando con los de su calaña – Eso estaba clarísimo para             Rodrigo.

      Freddy hizo una seña con la mirada y uno de sus andrajosos trajo un viejo y colorido morral Totto lleno de dinero en efectivo. Billetes de 20 mil y de 50 mil regados como papel higiénico en baño de colegio. ¿A qué horas iba a contar toda esa plata si lo que más quería era sacarse esos putos supositorios y largarse de ahí?
-   
   ¿Qué pasa chino? ¿No confía en nosotros? – Se burló Freddy, a lo que todos los que estaban en la habitación, incluso los que todavía no había visto Rodrigo, se carcajearon entre flemas y toses de todos los tonos.
-          
     Bueno, pues ya está. Mi amigo se lleva la plata y yo le entrego lo suyo – Interrumpió Rodrigo. Si el silencio le erizó los pelos de la nuca, la mirada fija de Freddy le volvió la piel transparente. Era una jugada válida en medio de tanta hampa y lo que menos quería Rodrigo era salir en una bolsa negra de ese espantoso lugar.
    
     Si esta fuera una historia de héroes y villanos, de buenos y malos, muy seguramente alcanzaríamos a pensar que Rodrigo y Adolfo saldrían victoriosos tras el charco ensangrentado sobre el que descansaría el cuerpo de Freddy. Si fuera una historia de estas, al día siguiente Rodrigo y Adolfo estarían fornicando con turistas alemanas libidinosas en las playas paradisíacas de alguna isla del Caribe sin importarles un carajo los tales supositorios ni el uso que le daría la mafia callejera de la inmunda Bogotá. Pero no. Esta no es una de esas historias y ya untado el dedo… Solo queda por decir que Rodrigo pudo salir con vida, con el ano vacío y con un morral lleno de papel periódico con algunos billetes falsos. Paradójico hubiera sido que fuera papel higiénico. No hubo viaje a San Andrés; sí lo hubo a Apulo; no hubo langosta en salsa de uva; sí hubo pincho de rata crucificada. Y del mismo modo, no hubo supositorios de cianuro, el “último gran invento”; sí hubo un gran cagadón de Advil Max Forte en el sórdido baño de Freddy que, en efecto y tras limpiar este gran desastre terminó por hacerse a la idea de que para suicidarse hay que ser todo menos un cagado.


lunes, 7 de octubre de 2013

Run like hell

Huyendo siempre del instante distante y único no pudo darse cuenta de lo que había pasado porque apenas sospechó, ya la idea era un terco recuerdo que se negaba a perder su valor. 

domingo, 28 de julio de 2013

Rather Be

Fue un día largo pues tuvo que untarse de mucha gente. Tenerlos tan de cerca invadiendo su espacio vital como única opción, hizo que cada minuto de esa tarde pareciera eterno. No tuvo más remedio que salir a la calle pues la cama con medio lado vacío no le era suficiente. Agarró la primera chaqueta que encontró, esa que hacía meses no usaba y se puso las botas que compró para caminar kilómetros en solitario, acompañado siempre de una extensa selección musical que incluía un bajo predominante y una que otra voz femenina para refrescar tanta viscosidad. ¿Cómo enfrentar el caos de una ciudad atestada de chatarra y carne olorosa? Esa era la pregunta recurrente a la que debía enfrentarse desde el momento en que se llenaba de coraje para poder entrar a la ducha con la entereza de un hombre que había dado la vuelta al Sol más de treinta veces. Y era ahí desde donde siempre había podido tomar las mejores y más inteligentes decisiones de su vida, ya fuera sentado en su trono o refregándose los bucles de la entrepierna bajo la seductora agua hirviente que Boccherini le regalaba todas las mañanas. Ya vestido y acicalado, le era imposible no sentir que por más de que lo intentara quedaba siempre fuera de su elemento, pues no había más que mirar hacia adelante para saber que todo marchaba en dirección completamente opuesta a la que sus ojos estaban acostumbrados desde hacía ya bastante tiempo. Caminó un rato más siguiendo a la gente que sabía hacia donde iba, pero al poco tiempo se aburrió y dio media vuelta para retornar a las faldas de la montaña en la que siempre se refugió para escapar del horizonte infinito que se abría hacia ninguna parte. Solo ahí, recibiendo el Sol en su terraza y sosteniendo la chaqueta que no alcanzó a ponerse, encontró lo que nunca tuvo que buscar pero siempre pudo ratificar. 

jueves, 11 de julio de 2013

INSIGHT

Muchas mañanas se despertó formulándose la misma pregunta. Días enteros rondó por su cabeza la oración pero la respuesta no llegaba. Algo se veía al final, un destello, pero en conclusión, nada pudo responder. Emprendió varios viajes, anduvo por muchos caminos, tomó diferentes manos, unas sudorosas, otras carrasposas, solo unas pocas muy suaves. Tampoco halló la respuesta en el horizonte cuando el Sol se ocultaba para dar paso al cielo estrellado. Buscó bajo el agua, en la cima congelada de las montañas, en la mirada astuta de los niños, en las lágrimas de quienes no quisieron seguir a su lado, pero la respuesta no llegaba. Cansado, derrotado y sin esperanzas, se jugó la última carta; su última oportunidad. Eran ya las 5 y media de la tarde cuando llegó al balcón de su habitación. Estaba solo a pesar de tener a mucha gente a su alrededor. No soportaba la adulación ni tener que sonreír cuando las palabras se terminaban. Encendió un cigarrillo esperando elevar su espíritu hasta alturas cinematográficas, pues de alguna manera, fumar era lo más próximo que de la muerte podía estar. En los detalles reside la magia. Así, que sin más remedio, imaginó, voló y nunca más volvió.

martes, 25 de junio de 2013

Sí, señor Bukowski

“El amor es para la gente real”. Gente fea, de piel grasosa, espinillas en la espalda, motas en el ombligo, uñas que ya estuvieron encarnadas; gente de espalda encorvada y panza desbordada por encima del cinturón; gente con mal aliento en las mañanas, en las noches o todo el día; gente que se saca los mocos y los pega debajo de las sillas; gente que se rasca los oídos con las llaves de la casa; gente que prefiere colarse en la fila a tener que esperar 7 horas más en ella; gente que prefiere distraerse denigrando del otro que leyendo un buen artículo, o libro, o cómic, o calendario de farmacia con caricaturas de perritos enamorados; gente que se enfurece y golpea al que sea por lo que sea; gente que desayuna sopa con cabezas de pollo; gente que se lava las manos luego de saludar a alguien en la calle llamándolo “parcero”, “amigo” o “hermano”; gente que acepta mejor el feísmo como realidad. Sí, somos más y es verdad: hay que ser un total cara de verga para seguir amándonos en medio de tanto realismo.

martes, 18 de junio de 2013

Sin Invitación

Se escurrió por la habitación mientras ellos dormían. La luz que atravesaba las cortinas, apenas dejaba ver las siluetas de sus cuerpos desnudos. Se detuvo junto a ella para apreciar sus curvas; siempre lo habían enloquecido. Tras sus párpados entrecerrados se escondían sus oscuros ojos y, por un momento, quiso hacérselos abrir para poder disfrutar de ellos por última vez. Había entrado con facilidad; nunca necesitó de ayuda para hacerlo pues siempre fue bienvenido en esta casa. Él dormía junto a ella dándole la espalda y con un ligero gesto de molestia en su rostro. Se notaba que no había dormido bien y que no se había casi movido mientras lo hacía. Todo estaba dispuesto para que al amanecer ella ya se hubiera ido sin ninguna razón, o tal vez con muchas, dejando tras de sí una baraja entera de probabilidades, que más tarde que temprano, terminarían por enloquecer al preocupado dormilón. Eran ya las 3:17, justo a tiempo para concretar el plan. Estiró sus manos y acarició el suave cabello rojizo de ella, bajando por su mejilla hasta el cuello. Ella se estremeció y dejó escapar una sonrisa plácida. Apenas tuvo tiempo de abrir lentamente los ojos y de pasar del éxtasis al horror, cuando su cuello se partió liberando un último aliento que fue absorbido para siempre por quien ahora la dejaba escurrir entre sus manos. Cerró sus párpados y estuvo tranquilo pues ella finalmente también lo estaba. 

martes, 11 de junio de 2013

Stone's gone Up

No podía descubrir la entereza que ya mucho tiempo atrás había descubierto en su mirada cuando buscaba el primer reflejo al comienzo del día. Hoy por hoy, le era esquiva, indiferente y siempre andaba con algún pretexto inconexo que terminaba por ahuyentar a quien más próximo estuviera a él. Ya las ideas yonqui le resultaban repulsivas y poco coherentes, incluso cuando encendía el viciado cigarro en busca de ese suspiro de muerte plácida, lo único que veía era su rostro en cinco facetas multicolor, pero ninguna de ellas lograba serle del todo familiar.

Emprendió el viaje a aquella montaña de su infancia. Mientras se acercaba a ella, pudo reconocer algo de la inocencia ya perdida; oyó las voces de aquellos que hacía tiempo ya habían dejado de estar a su lado y supo que jamás volverían. Bajó de su carro y se abrió camino hacia la cima en la que ya comenzaban a dibujarse los rayos ocre del atardecer. Fijó su meta en la roca de la que, según la leyenda, salía una vez por año aquel venado dejando una estela de color que atravesaba el cielo para deleite de quienes se atrevían a mirar sin miedo hacia las alturas. El canto de los pájaros se fue convirtiendo en uno solo a medida que se acercaba a su meta. Un solo silbido, un aleteo frenético entre las copas de los árboles, el caer de algunas hojas secas a la alfombra de musgo y roca húmeda, fueron el preámbulo de un camino sin retorno cuya existencia era todo para él. La gran roca se mueve, transmuta y abre paso a un sendero rojizo por el que ya sus huellas frescas marcan el rumbo. Se detiene en el umbral, busca en sus recuerdos algo que lo haga volver, una señal de fuego, una palabra. De las hojas por el suelo va brotando una silueta familiar que camina hacia él con toda calma. Se acerca y lo toma de la mano para mostrarle el camino de regreso señalando la inmensa cúpula de luz que se alza en la llanura muy lejos de allí. Desciende de la montaña sin mirar atrás, acompañado solo por la ilusión del pronto regreso y de una nueva oportunidad para renacer junto a ella bajo la luz incandescente de una promesa entera por vivir.