Poco a poco el cielo se fue despegando de las montañas y algunos rayos de Sol comenzaron a filtrarse entre el manto de nubes que envolvía la mañana. Iba con un destino marcado en el mapa pero mientras miraba por la ventana del bus toda ruta parecía desvanecerse como tinta escurriéndose entre un papel mojado. Siempre se preguntaba cómo había llegado hasta acá. Saltaba en el tiempo y veía un inmenso meteorito que dejaba tras de sí una cola de polvo brillante coloreando la materia oscura del espacio para ir serenamente acercándose al planeta donde habría de fundirse con el resto de elementos y así dar origen dentro de millones de años a esta especie de colonos tan desligados pero tan dependientes de este nuevo planeta. Al final no importaba qué camino fijara ni qué rumbo tomara, sus descendientes saldrían despedidos de nuevo al inmenso espacio no en una nave espacial, como la cándida mente de muchos soñadores quería creerlo, sino en un nuevo trozo de roca como recuerdo del que alguna vez fue el desafortunado planeta en el que tuvimos que aterrizar.
jueves, 26 de enero de 2017
sábado, 14 de enero de 2017
Lost Highway
Atrapado en la mitad de lo que alguien llamó la entrada hacia algún lugar, ahí estaba amordazado con esa vieja grabadora chorreando esa inmunda música atemporal que tanto detestó y habría de detestar siempre y cuando al espacio tiempo no le diera por doblarse de nuevo para escupirlo en otro lugar del cual denigrar por generaciones enteras. Estaba ya cansado y aburrido de quejarse de las mismas cosas que nunca habrían de cambiar. Pensó en las hormigas, en lo organizadas que eran trabajando en comunidad y sobretodo en lo respetuosas que eran con su orden jerárquico. Esa era la maldita diferencia entre ellas y nosotros: ellas pensaban desde ahora hacia el futuro y nosotros desde el futuro y atrapados en él. Una ilusión, es todo lo que era. Siempre estuvimos encerrados en una ilusión colorida y esperanzadora cuando lo único que siempre hubo fue piedras y recuerdos en el rojo y árido desierto de un recuerdo perenne.
lunes, 23 de mayo de 2016
ELASTICA
Encontrarse a sí mismo a través de la música era el mayor placer del que podía disfrutar aún siendo todo un absoluto mierdero a su alrededor. Tras cada canción había una historia real o imaginaria que ayudaba a que el "infinito abanico de posibilidades" del que hablaban los ilustrados en temas de superación personal apareciera y se abriera como la cola de un pavo real para llenar de color y brillo la tenue realidad de la que apenas pendía. Dentro de ese "abanico" cabía también la posibilidad de que en algún lugar estuviera él mismo oyendo la canción siguiente de la lista sin aún descubrirla en este momento. La sola idea de que hubiera un reflejo suyo que hubiera ya cobrado vida hacía mucho tiempo le llenaba la cabeza de ilusiones pues al fin de cuentas nunca podría desprenderse de quién era o será en el amplio pentagrama de melodías que solo flotaban por ahí buscando frecuencias de onda para dispararse hacía muy adentro de la cabeza de alguien lo suficientemente somnoliento como para dejarlas entrar sin oponer ninguna resistencia.
lunes, 15 de febrero de 2016
Sharp
Esta vez no había a dónde huir. El camino había llegado a una glorieta de la que no era sencillo escapar a menos que redujera la velocidad. Recordó que el pedal del embrague estaba aún averiado desde las últimas vacaciones pero haberlo arreglado en ese momento habría significado el fin del viaje. Decidió seguir adelante a toda velocidad hasta donde la muerte no pudiera extender sus garras y por un buen tiempo pudo mantenerse a distancia pero entonces llegó la maldita glorieta para recordarle que nunca había escapatoria y que por mucho que quisiera alejarse de su destino este siempre lo alcanzaría haciendo de su fugaz recorrido una tragedia que comenzaba justo ahí donde él creía que ya terminaba. Soltó su cinturón de seguridad y se dejó llevar por la curva hasta que ambos desaparecieron irremediablemente.
martes, 16 de junio de 2015
Not guilty
Si su orgullo pudiera haberse
materializado, habría podido cargarlo en uno de sus bolsillos sin ningún
problema. Incluso habría podido perderse en uno de ellos y refundirse entre las
motas de tela negra de su jean. Pero lo aterrador del asunto no era este dato;
sí lo era, en cambio, la repentina materialización de su Culpa desde hacía años
y su posterior huída. Después de tantos años de respetable convivencia, de
justas palabras y de canciones desgarradoras, ella se había ido sin dejar ni
una maldita nota sobre la cama. Las cobijas aún estaban revueltas cuando llegó
a casa después de enfrentar las latas calientes de millones de carros que
recubrían la ciudad. No fue por el silencio, no fue por el olor, tampoco fue
por el dolor. Simplemente tuvo la sensación de haber recibido un patadón en su
hígado y luego, como una epifanía llegó la frase: era libre. Lo primero que
hizo fue sentarse en el sanitario y liberar toda la tensión que había acumulado
desde que sonó la alarma del reloj despertador esa mañana. Pudo alzar la mirada
y descubrir en el espejo el reflejo de su decrépito cuerpo arqueado expulsando
el dolor hecho mierda. No podía oler de otra manera, le era tan familiar que
quiso sentirse avergonzado, pero entonces se dio cuenta de que ella también se
había llevado ese sentimiento tras de sí. La noche cayó y las estrellas
intentaron brillar un rato antes de que una gran nube oscura las obstruyera
para hacer aún más melancólico ese instante. Quiso encender su equipo de sonido
pero para ello necesitaba una canción, una simple canción que en 3:30 minutos
resumiera todo lo que estaba sintiendo. Repasó mentalmente el listado de
opciones pero no pudo detenerse en ninguna. Una idea lo invadió: era un puto
emo. Todas las canciones, sin excepción, no eran otra cosa que historias de
fracasos, dolores entrañables y jaquecas que se aireaban en las calles grises
de una ciudad sacada de una novela gráfica dibujada por el hijo de Beth Gibbons
e Ian Curtis a tinta china negra, muy negra. Tanto tiempo invertido en
cuidarla, consentirla, mimarla, soportarla, amarla y al final de cuentas estaba
en el mismo punto de partida en solitario y sin ella. Había logrado separarla
de su soledad y ahora hacía una nueva vida lejos de ahí para dejarlo hundido en
recuerdos insoportablemente alegres.
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Hands up...
Aferrado a este arbusto
evadiendo la caída libre que ni con un paracaídas podría amortiguar. Escapando
del dolor por la sangre derramada y los huesos fracturados contra la roca
áspera y filosa. Suspendido plácidamente se preguntaba una y otra vez qué
verían sus ojos si se reventaran contra el suelo de una sola vez ¿Habría algo
más que alivio del otro lado? No podría saberlo si no aflojaba sus dedos y
dejaba escurrir su cuerpo por la pendiente. Tal vez el viento fuera tan fuerte
como para ayudarlo a planear y descender progresivamente sin hacerse mayor
daño. No. No en este planeta regido por claras y contundentes leyes
gravitacionales de las que no podía escapar. Solo del tiempo podía hacerlo,
escabulléndose como mercurio entre rejillas de acero para traspasarlas y
volverse a unir del otro lado como un nuevo ser. Pero el deseo puro y concreto
que rebosaba en su interior no era el de salir intacto de esta situación, por
el contrario, solo quería romperse en mil pedazos para que el viento arrastrara
sus restos tan alto en el cielo que ni la lluvia misma los pudiera hacer
descender de nuevo. Pero para poderse perder en el firmamento antes debía
encontrarse y para esto, no tenía otra alternativa que seguir aferrado a este
arbusto hasta que alguno de los dos se rindiera ante tanta persistencia.
miércoles, 20 de agosto de 2014
Res nata
Antes de que tuviera tiempo de
respirar profundo en su sillón, ya tenía compañía y ésta se hizo presente en
forma de dos ideas muy arraigadas, una a cada lado de sus enrojecidas orejas.
“La vida va a seguir pasando
estés o no en ella. No te preocupes por tratar de moldearla ni de acomodarte.
Simplemente anda, mira al frente enfocando bien para no distraerte en el
recorrido y permite que en tu camino se cruce solo quien lo merezca. El resto,
son solo momentos enmarcados en días, minutos y fracciones de tiempo que
alguien ya bautizó muy a su manera. “ – Dijo la de su derecha.
“Lo que te hace único es la
manera en que recorras los caminos que ante ti se presentarán, elijas el que
hayas de elegir. Al final descubrirás que ningún miedo hubo de ser tan fuerte
como para no ser diluido en una tenue y constante lluvia.” – Dijo la de su
izquierda.
Se puso de pie y encendió su
reproductor de MP3. La primera canción en su lista personal comenzó de buena
manera haciendo teñir sus nervios de un azul zafiro que hacía tiempo no sentía
tal vez por la falta de estímulos suficientes en su aletargado y malacostumbrado
cuerpo. “Heartbreaker” comenzó a desprenderse de la aguda voz de Robert Plant
que comenzó a surfear sobre las vibrantes cuerdas de Jimmy Page que se sostenía
sobre el grueso sendero demarcado por el bajo de John Paul Jones y todo
enmarcado por la pulcra percusión de John Bonham. La habitación se estremeció
desde las tablas del piso hasta el altillo abandonado hacía generaciones y todo
comenzó a adquirir ese tono de azul que ahora comenzaba a recordar. Siempre
estuvo consigo, lo llevó a todas partes, lo saboreó con cada nueva experiencia
y nunca se desprendió de él pese a las distracciones de las que fue víctima.
La canción termina dejando tras
de sí un eco indisoluble. Todos están muertos, Bonhamn primero, luego los demás.
Se sienta de nuevo en el sillón, ellas ya se han marchado, solo queda el color
y la luz que empieza a diluirse con cada exhalación. Cierra los ojos por
primera vez, respira por última y el azul zafiro se hace eterno. Ya no duele.
Ya no hay duda. Ya no hay nada.
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