lunes, 11 de agosto de 2025

De

Ahí estaba sentado en estado “Mark Renton después del detox", rodeado por sus amigos y atrapado en medio de un timelapse que se le metía hasta por los huesos recordándole la fiebre reumática de su infancia ya bien lejana. Pero entonces, mientras todo se diluía lenta y penosamente a su alrededor y por dentro, llegó como un aguacero torrencial un mensaje, uno sonoro esta vez, uno que volvió a desequilibrar la balanza que llevaba calibrando con tanta meticulosidad durante meses. La dulzura y el tempo en que llegó aquel mensaje lo sacó de ese letargo en el que se había sumido y entonces, señoras y señores: “Oh -f*ckin´- happy day”! Se sumergió sin escafandra porque a donde fue solo creyó necesitar de su intuición y al comienzo todo estuvo bien; delicioso, de hecho. Se fue cada vez más y más lejos perdiéndose en las bellísimas melodías que jamás había oído y por un rato se sintió parte de su mundo y pensó que compartirlo con ella era un regalo que debía de honrar y cuidar con delicadeza. Pero justo eso era de lo que más carecía en ese momento y la torpeza volvió a ganarle estando ya muy lejos, mar adentro, sin escafandra, sin intuición y muy aporreado. Y ahí quedó, nuevamente en estado “Mark Renton después del detox", tirado en una isla desierta, rodeado de un océano inconcluso lleno de incertidumbres y con una playlist que retumba como olas rompiéndose contra las rocas filosas de un acantilado.

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